40º ANIVERSARIO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE INGENIERÍA

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En estas cuatro décadas la institución fortaleció su prestigio nacional e internacional con el esfuerzo de sus miembros, estos últimos de destacada actuación y trayectoria en la investigación científica y técnica, el ejercicio profesional y la docencia universitaria.

La Academia Nacional de Ingeniería (ANI) celebró el pasado 4 de octubre el 40º aniversario de su fundación. El evento contó con la presencia del presidente de la entidad, Ing. Oscar Vardé; del Ing. Arturo Bignoli, presidente honorario desde 2010; y de los máximos referentes del sector de los últimos años.
Desde su creación en 1971 la ANI viene realizando investigaciones y colaborando sobre temas estratégicos para el país. Entre los más emblemáticos se destacan el análisis y las recomendaciones sobre el desarrollo del sistema nacional de autopistas, el pormenorizado estudio de la matriz energética, las advertencias sobre los riesgos de las edificaciones precarias en altura en villas de emergencia, y el control medioambiental en la moderna industria celulósica, entre otros.
La Academia ha logrado fortalecer sus vínculos interacadémicos desde su origen como miembro del Council of Academies of Engineering and Technological Sciencies (CAETS) por Argentina, en el cual participa en reuniones, documentos comunes y actividades directivas como miembro del Board of Directors. Asimismo, recientemente ratificó un acuerdo de cooperación con la Academia de China.
Cuenta con 85 académicos (30 miembros titulares, uno honorario, cinco eméritos, 12 correspondientes en el interior del país y 36 en el exterior en 22 países), que tienen más de 45 años de actuación profesional sobresaliente en distintas especialidades. Sin contar los miembros externos que se han incorporado a los Institutos de Energía y de Transporte.
El Ing. Arturo Bignoli realizó una presentación sobre el origen, la historia, los objetivos y anhelos de la Academia con el estilo y rigurosidad que lo caracteriza.
Su charla denominada Recuerdos y reflexiones sobre los primeros cuarenta años de la Academia de Ingeniería de la Argentina, explicó claramente el origen de la entidad como una necesidad de contar con una institución que privilegie los principios y objetivos propios de la Ingeniería y así diferenciarse de las organizaciones científicas. También relató el esfuerzo y la dedicación necesaria que debieron realizar sus fundadores y los miembros que la conformaron para consolidar su rol y participación en nuestra sociedad.
A continuación un breve resumen de su disertación.

¿INGENIERÍA, CIENCIA O TÉCNICA?
“Se pensaba, desde el siglo XVIII, que la Ingeniería es una ciencia; más concreta y específicamente, una ciencia aplicada, resultante de utilizar Física, Matemática y Química, en las proporciones adecuadas, según la especialidad. No es así, las Ciencias tratan de explicar los comportamientos de las cosas existentes, naturales o creadas por el hombre, enunciando teorías basadas en hipótesis, que luego se substituyen por otras que se consideran más próximas a la realidad, menos inciertas.
La Ingeniería, en cambio, parte de ideas (imágenes), crea sistemas, cosifica esas ideas y, por ende, los artefactos creados por la Ingeniería, frecuentemente funcionan satisfactoriamente, a veces sin que se sepa el porqué, hasta un largo tiempo después.
Las ideas de los ingenieros no son exclusivamente racionales, sino que ponen en juego todas las potencias cognitivas humanas, aún las no racionales, tales como la imaginación, la fantasía y la intuición, que alimentan a la experiencia y se guardan en la memoria.

ORIGEN DE LA INGENIERÍA
Todos nacemos siendo un poco ingenieros; sin duda hay una Ingeniería innata.
Si aplicamos espontáneamente nuestras ideas innatas para resolver problemas de ingeniería, estamos haciendo Ingeniería espontanea y el resultado puede ser un desastre o no; pero seguramente damos lugar a una importante propensión a que dicho desastre ocurra; como en las villas de emergencia de nuestras ciudades, subproductos de la Ingeniería espontánea.
Pero sin duda, por prueba y error, con sucesivos éxitos y fracasos, pueden llegarse a encontrar los límites de una Ingeniería empírica, que dentro de ellos, con su sólo sustento empírico y la repetición de casos exitosos, se transforme en Ingeniería tradicional.
Si a esta última o a artefactos cualesquiera, productos de la inventiva, la inspiración o la intuición humanas, y no sólo de la razón, se les encuentran los porqués, deberían poderse enunciar las teorías que son el sustento (aproximado, incierto y perfectible) de la Ingeniería Teórica que es la que conoce un graduado en Ingeniería.
La práctica profesional, guiada al principio, conducirá a adquirir la aptitud profesional, la experiencia y con ellas la verdadera Ingeniería. Un verdadero ingeniero es un técnico que conoce cómos y porqués; un científico conoce porqués; y lo que en lenguaje corriente denominamos un técnico, es poco más que un obrero, puesto que sólo conoce cómos y tiene pocos conocimientos, muy elementales, adquiridos empíricamente, de alguna especialidad (gasista, electricista, conductor de automóviles, enfermero, etc.). Su denominación correcta podría ser la de auxiliar. Conoce muchos detalles adquiridos empíricamente y tiene pocos conceptos, muy pobres.

CONFUSIONES SEMÁNTICAS
Hay por lo tanto una confusión semántica, a propósito de la palabra técnico, que puede hacer que los verdaderos ingenieros, que son técnicos, sean inexplicablemente descalificados, en cuanto a merecer la dignidad académica, por sólo ser llamados técnicos.
A esta confusión semántica se agrega otra de sentido contrario, respecto de la palabra ingeniería. En lenguaje corriente se califica con ingeniería a cualquier actividad que supuestamente logra, gracias a ella, resultados mejores.
Así, se llama Ingeniería electoral, a la propaganda política bien pensada; a un lubricante para motores lo han llamado Ingeniería líquida queriendo exaltarlo. Y a la acción que se quiera destacar como de gran valor, se dice que es ingeniería y por ser tal, se supone que es compleja, complicada, difícil de entender, y todo esto da prestigio.

Facultad de Ingeniería
No existían Facultades de Ingeniería, con el agravante que la enseñanza de la misma en facultades de ciencias, era de tipo teórico y a la vez, se consideraba al conocimiento de origen empírico o práctico, de inferior nivel intelectual.
En 1948 la Universidad de Buenos Aires (UBA) creó la Facultad de Arquitectura y en 1952, cumpliendo un Decreto Nacional, separó Ingeniería de Ciencias Exactas y Naturales creando dos facultades independientes. La Física quedó incluida en las Ciencias Exactas y la Ingeniería, tuvo personalidad y Facultad propia.
Lamentablemente, sólo fue un cambio de nombres. La Ingeniería siguió enseñándose como si fuera una Ciencia. Mucho análisis y poca síntesis. Mucha verificación y poco proyecto, que es lo más importante.
Hoy todo está como entonces, mucho análisis y escas síntesis. El proyecto que siempre es un dato en la Facultad, es en la realidad, el resultado que se trata de lograr.

PROMOVER LA EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL
Las palabras de cierre estuvieron a cargo del Ing. Oscar Vardé quien felicitó a los presidente que lo antecedieron, los ingenieros Antonio Marín (durante 28 años) y Arturo Bignoli (los últimos 11), por llevar a cabo “una acción tan fecunda y positiva para la creación, el desarrollo y la consolidación de esta Academia que es prácticamente irrepetible para quienes lo sucedan”.
Desde su fundación en 1971 la constituye en la primera Academia Iberoamericana, y la sexta en el mundo luego de los países escandinavos y de los Estados Unidos. Al respectó Vardé afirmó que este hecho “es una muestra más de que Argentina independientemente de avatares políticos, sociales y económicos siempre ha contado con personas destacadas capaces de formar instituciones de avanzada de nivel internacional”.
Actualmente, luego de cuatro décadas de existencia, los miembros de la ANI han querido que este aniversario “sea un hecho trascendente para que los funcionarios, las asociaciones, los colegas y la sociedad tengan una idea más clara y actual de qué es la Academia de Ingeniería y lo qué puede hacer”, sostuvo.
Entre los objetivos de la entidad, además de resaltar el rol de la profesión en la sociedad, afirmó que están: “promover la educación y formación profesional adecuada, premiar la excelencia y distinguir no sólo a los mejores colegas sino también a los mejores egresados de las distintas especialidades de la Ingeniería, y generar documentos sobre temas de interés para la sociedad que estén relacionados con la actividad ingenieril”.
En ese sentido mencionó la creación reciente de los Institutos de Transporte y de Energía. Cabe destacar que los miembros de estos Institutos, aún no siendo académicos, son profesionales de primer nivel que actúan ad-honorem en el estudio y preparación de documentos.
El ingeniero coincidió con las palabras de su colega Bignoli en el deseo de participación para el desarrollo sustentable y el bienestar del país. Y agregó: “Debe entenderse claramente que este deseo no implica demanda ni requerimiento alguno, sino reafirmar nuestra disponibilidad y apertura para  generar elementos de opinión desinteresados e independientes. En este sentido debemos manifestar que todos nuestros documentos emitidos hasta el momento se han producido por iniciativa propia, sin que se nos haya requerido oficialmente opinión. Esperamos que esta circunstancia pueda revertirse en el futuro”.
Al finalizar, como un símbolo más de que consideraron este acto como un hito significativo de la actividad, se presentó el nuevo emblema en forma de bandera con los colores de la patria y el lema de la Academia: Ciencia-Arte-Técnica.

Falta de profesionales
En los últimos años la cantidad de ingenieros en Argentina disminuyó notoriamente dentro del ámbito universitario. Estudios recientes indican que el interés de los estudiantes se orienta a carreras más remunerativas como ser Administración, Economía, Abogacía y Medicina, entre otras. Muestra de ello es el bajo nivel de egresados de la Facultad de Ingeniería, sólo 87 por año; a diferencia de otras universidades nacionales que en muchos casos los egresados superan los 400.