El uso del suelo y el transporte

El uso del suelo en relación a la planificación urbana y dentro de ella, la organización del transporte, son aspectos importantes que en la actualidad son muy especialmente tenidos en cuenta en los variados emprendimientos que se llevan a cabo, tanto en las obras públicas como en las construcciones privadas y es motivo de permanentes estudios y evaluación de las experiencias en distintas urbes del mundo por parte de las organizaciones dedicadas al quehacer vial. Es por este motivo que se van a analizar en estas Crónicas, la problemática tanto a nivel global urbano, como en forma sectorial; ya sea del punto de vista teórico y del práctico, acompañado como ya es habitual, con planteos de variados ejemplos ilustrativos al respecto.

Algunos conceptos iniciales
En el año 1985, la Asociación Argentina de Carreteras (AAC) organizó el X Congreso de Vialidad y Tránsito, en el cual presenté un extenso documento sobre la base de un libro que venía escribiendo desde un tiempo atrás: “La distribución poblacional de la República Argentina”. En el mismo, trataba precisamente la problemática del uso de la tierra, como una forma de la planificación a nivel macro del territorio de la Nación y su importante vinculación con el desarrollo de la infraestructura, especialmente de la red vial.
En ese entonces, tal vez este tema no había alcanzado el interés que tiene en la actualidad, por lo que creo que la propuesta pasó sin pena ni gloria y una muestra elocuente de ello fue la escasa concurrencia que asistió a su lectura. Sin embargo, dos funcionarios de nivel político del Gobierno Nacional de entonces, preguntaron sobre algunos de los aspectos desarrollados en el documento, por lo que gentilmente les entregué una copia del mismo.
Debo destacar que para la elaboración de los estudios pertinentes, conté con la extensa documentación publicada por el entonces Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) a partir del Censo Nacional del año 1980. No tengo palabras aún para elogiar aquellos libros elaborados con precisión científica sobre la situación social económica de la Nación; y han sido la base de las propuestas para la planificación de la organización a mediano y largo plazo que dispuso la conducción política para el futuro del país, por supuesto malogrado por las dificultades de entender y priorizar el bienestar general. Un ejemplo de ello es el que describiré en este artículo.

La evolución poblacional de nuestro país y su ciudad capital
En el tratamiento de la evolución histórica del desarrollo poblacional, pueden verse claramente los resultados de la administración de los intereses púbicos del territorio de nuestra patria que es en superficie, como se dice en el lenguaje actual: “Top Ten”, ya que ocupa el lugar octavo en extensión, con sus aproximadamente 2.800.000 Km² (sin considerar la Antártida). El INDEC, utiliza una magnitud estadística interesante para evaluar la evolución de la forma del crecimiento poblacional. Determina el denominado Centro de Gravedad Poblacional mediante el cual se puede ver aproximadamente el punto equidistante óptimo de los asentamientos humanos en nuestra geografía. Mediante el mismo, se aprecia su emplazamiento cada 10 años y el corrimiento que históricamente se tiene a partir de los datos de población disponibles.
Creo que la inteligencia de nuestros lectores puede imaginar la forma de la curva que une esos puntos a lo largo de nuestra historia, sin necesidad que lo explique. Pues bien, acertaron. El primer punto se ubicó en el límite entre las provincias de Santiago del Estero y Córdoba en el año 1778 y se continuó casi en línea recta hacia, digamos la zona de la ciudad de Rosario, en el año 1980. 
Como bien puede verse, la ciudad de Rosario, y especialmente la Región Metropolitana de Buenos Aires, han traccionado hacia una concentración poblacional que estratégicamente resulta por su desproporción, por así decirlo, inadecuada o inconveniente.
A mediados del Siglo XIX, con la nueva organización de la República, la Ciudad de Buenos Aires operaba como un núcleo de crecimiento vertiginoso del número de habitantes, y además de las autoridades comunales, tenían residencia en la misma las del Gobierno Nacional y las de la provincia de Buenos Aires.
A fin de plantear una mera cronología, vemos que en el año 1880, el Congreso Nacional aprueba el proyecto del presidente Nicolás Avellaneda de convertir la Ciudad de Buenos Aires en la Capital Federal de la República Argentina luego de una serie de desencuentros tan característicos en nuestra historia, entre los partidarios del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Doctor Carlos Tejedor y el Doctor Avellaneda, gestor del lema: “Nada hay en la Nación, superior a la Nación misma”.
El Doctor Dardo Rocha se hace cargo del gobierno de la provincia de Buenos Aires, en mayo de 1881

Figura N° 1: Centro de Gravedad Poblacional (1778 -1980).

e inmediatamente se pone a trabajar para la creación de la nueva capital en reemplazo de la Ciudad de Buenos Aires, nombrando una Comisión de Notables para estudiar los posibles emplazamientos de aquella. La elección recayó precisamente en el lugar más próximo de la Capital, a solo 60 km de distancia y así concretamente, en pocos años se trasladaron a la Ciudad de La Plata. Las autoridades de la Ciudad y las de la Nación se acomodaron perfectamente ya que estaban radicadas en la metrópolis.
Sintéticamente, puedo agregar que en el año 1972, el entonces presidente de facto General Alejandro A. Lanusse, sancionó el Decreto Ley 19.610, en el cual se declara la necesidad de trasladar la Capital de la Nación fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Este tema no fue retomado hasta el año 1986, que a propuesta del presidente Dr. Raúl Alfonsín, se sanciona la Ley 23.512 mediante la cual, se declara como Capital de la República, a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en un futuro, en el área de las ciudades de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre, esta última ubicada a setenta kilómetros hacia el noroeste de las dos primeras.
Este emprendimiento está enmarcado ideológicamente en cuanto a “promover la defensa y consideración de la soberanía argentina en ese espacio físico enorme de nuestra geografía como es la Patagonia”. El proyecto fue avanzando en el periodo de la gestión de los seis años del gobierno constitucional; y algo para destacar al respecto fue que entre las numerosas figuras nacionales e internacionales invitadas a la comarca de las ciudades citadas, se encuentra el Papa Juan Pablo II, quien en abril de 1987, concurrió al lugar, constituyendo el primer y único pontífice que visitó la Patagonia.

Lamentablemente, por diversas razones que exceden los alcances de este relato, el Proyecto terminó en un fracaso, que acompañó a una profunda crisis social y económica, producto de la caída del entonces denominado Plan Austral. Si bien, cualquier otro hubiese sido el lugar seleccionado, estimo que todos hubieran terminado de la misma forma, a no ser que el desplazamiento de la Capital se hubiera hecho a una reducida distancia de su actual emplazamiento. No obstante, creo y sigo sosteniendo, tal como se desarrolló en el documento de la Distribución Poblacional ya mencionado, que en caso de construirse una nueva sede urbana para el Gobierno Central, debería emplazársela de manera tal que el Centro de Gravedad se desplace hacia un punto mediterráneo de la geografía, potenciando el gradiente hacia el oeste.
Esto lo he planteado como una estrategia a mediano y largo plazo, ya que resulta evidente que Buenos Aires, ha quedado chica para albergar, en sus escasos 200 km² también a las autoridades nacionales. Un buen ejemplo de reorganización de un gobierno central trasladado a un nuevo emplazamiento ha sido la creación de la ciudad de Brasilia, en Brasil.
Esta propuesta puede parecer fuera de contexto, si se la mira desde la óptica de los conflictos actuales de todo tipo: sociales, económicos, de salud, etc.; pero es preciso repensar el futuro de nuestro territorio para nuestros descendientes y descomprimir esta metrópolis que presenta la imagen de estar al borde del colapso.

En la historia del desarrollo de la humanidad, pueden verse numerosos casos de cómo civilizaciones enteras desaparecieron o se redujeron a un mínimo luego de alcanzar un nivel poblacional que terminó consumiendo los recursos naturales, que eran precisamente los que proveían el sustento básico. Es indudable que las razones aquellas no son las que pueden observarse hoy, ya que los múltiples recursos disponibles, permiten sobrellevar todo tipo de contingencias; pero ello no implica que no existan riesgos de deterioro grave del medio ambiente que no puedan evitarse.

Recomiendo el libro de Jared Diamond que, con el título “Colapso”, plantea precisamente esta problemática y analiza diversos casos de desaparición de poblaciones enteras y los conflictos generados a partir de desastres medio ambientales. La nómina es larga, pero el tratamiento tiene una homogénea línea argumental, que puede resultar interesante para los que quieran evaluar las consecuencias de una inadecuada utilización de los recursos disponibles.

La Ciudad y el Gran Buenos Aires
En una primera etapa vamos a analizar la problemática poblacional y el uso del suelo en la Región Metropolitana y para tener una mejor ilustración se van a presentar algunos cuadros estadísticos sobre esta materia.

Durante los años 2001 y 2010, son varias las jurisdicciones que superan el 10 % de aumento poblacional; no obstante en términos absolutos, los 24 partidos del Gran Buenos Aires, son los que registran el mayor incremento con aproximadamente 1,2 millones de personas. Debe tenerse en cuenta además, que se están analizando los valores de hace ocho años atrás, los que en la actualidad han sido superados de acuerdo a las proyecciones que se vienen estimando.

De ello también se puede determinar que la densidad media del país es de 14,4 habitantes/km², (sin considerar la superficie de la Antártida Argentina e Islas del Atlántico Sur). Esto, es especialmente importante, en cuanto a la densidad en la Región Metropolitana conforme al siguiente detalle:
Ciudad de Buenos Aires:
2.890.151 habitantes
203 km² de superficie
14.237,2 hab/km² de densidad

24 partidos Área Metropolitana:
10.014.066 habitantes

3.684,91 km² de superficie
2.717,6 hab/km² de densidad
(Datos extraoficiales según la Figura N°3, que difieren ligeramente de los totales del INDEC).
Región Metropolitana total (CABA y 24 Partidos):
12.904.217 habitantes
3.887,91 km² de superficie
3.319,1 hab/km² de densidad

En la distribución poblacional por cada uno de los 24 Municipios que constituyen el Gran Buenos Aires, las localidades así agrupadas, responden a la metodología censal llevada a cabo por el INDEC. No obstante, la permanente expansión de esta Región, tal como puede verse en el plano de la Figura N°2, tanto en la actualidad como para el próximo relevamiento del año 2020, deben necesariamente tenerse en cuenta la zona periurbana externa que alcanza varios municipios más.
Aquí, se puede observar que el partido de La Matanza es el que tiene mayor población con 1.770.130 habitantes, cifra ésta que se estima supera en la actualidad los dos millones, mientras el de Lanús tiene la mayor densidad con 9.052 hab./km² y el de San Fernando, el de mayor superficie con 924 km² (se incluye el sector de islas de la zona del Delta).

Evaluación preliminar del uso de la tierra

Tal como muestran los valores registrados, la Ciudad presenta la densidad poblacional más alta de todas las jurisdicciones censadas y que contribuye a que si se la considera integrada a la Región Metropolitana, ésta presente una de las concentraciones humanas más importantes del país. Si bien esto no es novedad alguna, es necesario insistir en que la planificación poblacional debe, en forma imprescindible, tener en cuenta estos factores, a fin de llevar a cabo las correcciones para evitar el colapso del uso de la tierra.
No obstante, un aspecto interesante de la Ciudad, es que se ha mantenido el número total de residentes alrededor de los 3 millones, ya que en el año 1980 había 2.922.829 habitantes. Y en el último censo, esta cifra era de 2.890.151 habitantes. Asimismo, la densidad poblacional más alta se ha mantenido en las Comunas-Barrios N° 2 Recoleta, N° 3 Balvanera-San Cristóbal, N° 5 Almagro-Boedo y N° 6 Caballito. En cambio, la Comuna N° 1 Centro, ha ascendido de categoría si se puede decir así, con un aumento en la densidad debido, entre otros factores, a la urbanización de Puerto Madero y de la Villa N° 31 en el Barrio de Retiro.

Esto, si bien ha venido ocurriendo en otras comunas, para completar el análisis veamos sólo este caso que constituye en sí, tal vez una de las grandes paradojas de nuestra historia reciente.

Figura N° 2: Mapa con los Municipios de la Región Metropolitana ampliada.

Si se toma el conjunto de los barrios vecinos de Recoleta y el de la N° 31, que en el censo está incluido en el Barrio de Retiro, se tiene el punto de concentración habitacional más alto del país. Según datos no oficiales actualmente se tiene:

Comuna de Recoleta:
157.932 habitantes.
5,72 km² de superficie
27.614 hab/km² de densidad
Asentamiento Villa N° 31:
40.000 habitantes
0,40 km² de superficie

100.000 hab/km² de densidad
Área poblacional total:

32.342 hab/km² de densidad total

 

Figura N° 3: Densidad Poblacional en Comunas de CABA. Año 2013.

Es por ello que es muy meritorio y debe destacarse que las autoridades de la Ciudad vienen desarrollando políticas activas para mejorar el entorno urbano y la infraestructura de servicios públicos en la Villa citada. Es indudable que aquí puede resultar hasta inoportuno hablar de planificar el uso de la tierra, pero debo recordar que antiguamente se usaba el término que puede sonar discriminatorio, como el de Villa de Emergencia, porque se consideraba que estos núcleos habitacionales eran temporarios hasta que se construyeran las urbanizaciones definitivas.

Con el presente análisis, se ha abierto un panorama demasiado amplio para completarlo y cerrarlo en este artículo, por lo que invito a los lectores a continuar con la discusión de esta problemática en las próximas ediciones y de ser posible, me hagan llegar sus opiniones al correo de esta Revista.

Que todo sea para mejor.

Hasta la próxima.