“En Argentina hay una cultura del desprecio hacia la ley”

RESPETAR LA LEY

¿Qué está ocurriendo con la aplicación de la Ley en cuanto a las multas en el tránsito?

Jorge Enríquez: Creo que primero hay un tema cultural. El argentino no tiene apego a la ley. La misma persona que acá conduce de una manera que viola la norma, va a Miami, Santiago de Chile o a cualquier otra ciudad del mundo, y allí es riguroso y estricto en cuanto a su cumplimiento. Creo que esta es la primera fase, ver qué es lo que pasa. Como en tantos órdenes de la vida, la primacía de la ley en nuestro país no es un valor que esté consolidado. Esto conlleva a afirmar cada día más el estado de derecho. Acá se piensa que “de alguna manera lo voy a solucionar”. Esto, obviamente, se relaciona con otros temas. No es que el argentino nace infractor, sino que ya hay una cultura de desprecio hacia la ley. En Estados Unidos todo el mundo sabe que un semáforo es la ley. Entonces, ni siquiera tienen la necesidad de tener a alguien controlando esto. Acá no ocurre eso. Aquí se lo relaciona con algo que viene de antaño y que es la famosa picardía criolla: no tomar en serio la norma y saber que su incumplimiento no tiene una sanción inmediata, clara y gravosa.

¿Cómo se puede modificar eso?

JE: Eso se modifica, en primer lugar, con una cultura de docencia. Nuestro país tiene el triste récord de ser uno de los que cuenta con más accidentes de tránsito con fallecimiento en las personas. La ley pasa a ser una declaración lírica, una simple recomendación. En más de una oportunidad, pensamos que pasaba lo mismo con el tema de la seguridad en general. Se cometían una serie de delitos anualmente; no recuerdo la estadística, porque las estadísticas en la Argentina en los últimos años en materia de seguridad vial no existen, pero de esa cantidad de delitos, solamente el 6 por mil tenía el cumplimiento de la pena. Entonces, si alguien sabe que puede violar la norma y que es difícil que lo puedan aprehender, no escribamos más leyes. En algunos casos, tanta cantidad de normas termina generando confusiones y nichos de corrupción formidables. Porque como nadie sabe realmente cuál es la norma que se aplica, permite que se cometan infracciones. Y en muchas situaciones, los infractores prefieren ir a vías que son ilegales, como el soborno, para evitar las consecuencias de una conducta antijurídica, antisocial, y que en este caso, cobra vidas. Acá rescato lo que está realizando la ciudad de Buenos Aires, bajo la Dirección Administrativa de Infracciones. Está funcionando muy bien aunque la corrupción, en nuestro país, es algo endémico lamentablemente.

 

ESTADÍSTICAS DE MULTAS

¿Cuántas infracciones manejan habitualmente?

JE: Tenemos estadísticas. Las infracciones, por ejemplo, que se cometen al estacionar en un lugar prohibido o de una forma indebida son el 36%. El exceso de velocidad hasta los 20km, de la máxima permitida en la vía rápida que son las autopistas, es de un 24%. La tercera infracción que más se comete es el exceso de velocidad en más de 20 km y hasta 40 km, de las máximas permitidas en las vías rápidas con un 8%. El exceso de velocidad de más de 20 km, pero por calles y avenidas y hasta 140 km/h, es el 5%. Y en más de 10 km y hasta 20 km de las máximas permitidas para el tipo de arteria es el 4 %. Así se componen las estadísticas. Por supuesto que hay otras, como no usar casco, violar la luz roja del semáforo, etc. Y después están las contravenciones, que son el cruce de barreras ferroviarias, la  conducción riesgosa, el zigzagueo y el conducir bajo el efecto de alcohol, drogas o sustancias.
Después, del total de las interacciones que se labran, se sancionan el 60%.

¿El pago de una multa es la única solución posible?

JE: Es lo más sensible para la población. Las multas hoy están en montos de un nivel importante, porque se actualizan con el valor de la nafta permanentemente. Por ejemplo, la multa por la falta de autorización para el transporte público para UBER, es de 77 mil pesos.
En el año 2015 se resolvieron 2 millones 100 mil actas. No sancionadas, sino ya resueltas. Esto nos permite ver el impacto que tuvieron en la recaudación. Cuando llegué, la Dirección General de Administración de Infracciones (DGAI) estaba en 60 millones de pesos. Hoy, después de haber pasado un tiempo, está en 110 millones de pesos. Esto implica la resolución de muchas más multas. El 25 % de esas actas se resolvieron por vía no presencial. Es el descargo que se permite hacer por la Web. Allí, el inspector puede interactuar con los infractores y acordar el pago voluntario. Hoy estamos arriba de las 1500 que se resuelven por esta vía, ya sean por pago voluntario o ya radicadas en el controlador. Con este mecanismo lográs dos cosas. Por un lado, producís una serenidad mayor y, en segundo lugar, evitás posibles casos de corrupción.

La gestión se hace cada vez más tecnológica, y así pueden controlar más y aplicar mejor las normas.

JE: Exacto, pero la máquina no viene a sustituir al trabajo humano, al contrario, amplía los horizontes. En este caso, por ejemplo, el controlador tiene una gran cantidad de actas que se le acumulan y que no las puede resolver por falta de tiempo y porque tiene que estar en la coyuntura del día a día de la persona que viene a renovar el registro o vender el auto y requiere del libre deuda. Al hacerlo por vía electrónica, alivia el trabajo del controlador y le permite que esas puedan ser soluciones fictas. Lo dije el día que asumí, el propósito no es recaudatorio. Sí va a ser un reflejo de las sanciones, pero no creo que debiera haber una pena de arresto. En el caso de las contravenciones, se pagan con trabajo voluntario, tareas comunitarias, etc. El propósito de la aplicación de la sanción es claramente pedagógico y docente y permite que esas conductas no se reiteren en el tiempo. Lo que pasa es que es difícil en un país como este, donde no hay carencia de normas, sino falta de voluntad que tiene la gente a cumplir con la norma.

¿Y se notaron cambios en la conducta en los últimos años?

JE: Sí, van cambiando. Las estadísticas nos muestran que ante un parque automotor que creció considerablemente, no va acompañado con la misma virulencia del crecimiento de los accidentes de tránsito. Me parece que hay que ser un poquitito más duro en el cumplimiento de la norma.
Algunos controladores, no es el caso de los que están acá, a veces piensan que es una justicia judicial y no una justicia administrativa. En eso tienen que pensar.