«Es necesario eliminar las autopistas para lograr una gestión urbana sustentable»

El Ing. Juan Carlos Muñoz aseguró que “existen tipos de infraestructura urbana que no representan una solución”. Asimismo, explicó que las decisiones que toman las personas influyen en el resto de la población. “Algunos ejemplos claros son la congestión, contaminación y disputa del espacio vial; las vías tienen un doble propósito, ya que además de ser utilizadas para desplazarse de un sitio a otro, son un área en la cual la gente realiza distintas actividades. Es allí donde la vida local emerge. Por tal motivo, es esencial que nos movilicemos de manera coherente, con una visión clara sobre los objetivos que se buscan alcanzar en la región”, señaló. En tanto, agregó que también se percibe una urgencia asociada al cambio climático, y que a raíz de ello, estas obras son consideradas poco sustentables. Tras considerar estos dos elementos,  aseveró que las autopistas complican la evolución de la ciudad, y no contribuyen a un espacio de mayor calidad. A su vez, destacó que generan lugares más extensos; de ese modo, el desarrollo urbano se basa, únicamente, en el automóvil. “Es posible afirmar que esta herramienta es perjudicial en el corto y largo plazo, ya que no resuelve la situación”. Sin embargo, reflexionó acerca de la utilidad que se les debe otorgar a aquellas que ya fueron construidas: “Logran que sitios muy lejanos puedan conectarse de forma relativamente rápida. En esa línea, sería interesante cerrar las entradas y salidas a las zonas de mayor tráfico; probablemente, las mismas resultan un método eficiente para irse de Buenos Aires, aunque no así si la intención es dirigirse hacia el centro”.

Por otra parte, definió a la bicicleta como una cultura, y mencionó la importancia que ocupa su rol en la actualidad: “En Santiago de Chile, aparecieron previamente a la infraestructura, demostrando que aun sin ciclovías ni estacionamientos, es viable una región distinta, con gente dispuesta a viajar de otro modo”. En este sentido, advirtió que “es fundamental cuestionarse qué actores permitimos que inviertan”. Y ejemplificó exponiendo el caso de Chile, en donde el Ministerio de Obras Públicas decide cuándo y dónde hacerlo, preocupándose, exclusivamente, por la cantidad de dinero que utilizarán, y si podrán cumplir o no las metas establecidas. “Esa mirada contribuye a empeorar la calidad de los lugares”, afirmó.

Al mismo tiempo, explicó a la accesibilidad como la posibilidad de obtener oportunidades de manera efectiva. “A veces, las mismas no están al alcance de las personas, por lo cual, tanto el sistema de transporte como el de uso del suelo deben planificarse en conjunto”, indicó. Al respecto, mencionó que en el país chileno, existe un centro de actividades único; éste cuenta con muchos polos que se desplazan, cada vez más, a sitios donde reside la población de mayores ingresos, excluyendo, en consecuencia, a aquellos de bajos recursos. “Por tal motivo, se produce un incremento de la inequidad y la segregación, y comienza a surgir una marcada cantidad de espacios diseñados para un desarrollo inmobiliario fundamentado en el automóvil”, aseguró. A su vez, manifestó que “es esencial tener en cuenta cómo está estructurada la ciudad y de qué forma se generan los esquemas de regulación y subsidios que nos permitan gobernar en una dirección beneficiosa para todos, y no sólo para quienes toman las decisiones”.

Por su parte, la Sra. Lake Sagaris explicó que América Latina es una de las regiones menos equitativas a nivel global; en particular, Chile y Brasil, y en esta línea, señaló que “la desigualdad social y de género, ya no puede ser considerada un error”.

Además, cuestionó la mirada de ciertos bancos y Gobiernos para quienes obra pública significa “financiar autopistas, ya que las consideran elementos de desarrollo, aunque representan lo contrario”.

Sobre el modo en que las personas se desplazan, indicó que tanto en las ciudades como en zonas rurales, la mayoría de los viajes se realizan caminando; el 36%, 40% y 50% según el lugar. Asimismo, aseguró que muchas se movilizan en bicicleta; el 5%, 6% y 8% dependiendo del sector. “El transporte público comprende un rol fundamental, sin embargo, se invierte más en una infraestructura excluyente; de ese modo, se daña la economía y la vida de los seres humanos. Aquellos que reciben menores ingresos, se encuentran considerablemente más expuestos a sufrir accidentes. Por tal razón, debe ser prioridad destinar el dinero a la integración de veredas”, aseveró.

También, explicó que si la intención es lograr una gestión urbana sustentable, es necesario eliminar las autopistas, reforzar la construcción, optimizar el equipamiento y el servicio de las comunidades, y crear ciclovías. En este sentido, indicó que el 60% de los traslados diarios motorizados comprenden un trayecto menor a cinco kilómetros, y que, por lo tanto, los mismos podrían llevarse a cabo, sin inconvenientes, en bicicleta. “Barcelona, por ejemplo, cuenta con un sistema que incluye la red de la naturaleza; caminabilidad; ciclabilidad; y cicloinclusión. Es necesario contar con un espacio que privilegie a los peatones, como lo hace esa ciudad de España. El objetivo es lograr garantizar la seguridad a través de una planificación que combine el transporte con el uso del suelo, y conectar a los diversos barrios mediante una región metropolitana”, concluyó.