Experiencias y perspectivas de la tecnología del hormigón en los reglamentos CIRSOC

El Ing. Alberto Giovambattista, experto y referente de la tecnología del hormigón a nivel nacional, brinda su mirada sobre su larga trayectoria en la elaboración del proyecto normativo y su aplicación en distintas estructuras.

El CIRSOC 201-2005 (C201-05) es un reglamento de seguridad de las estructuras de hormigón y como tal, interesa a toda la ingeniería. Pero, fundamentalmente, tiene que ver con la protección de la vida y los bienes de los individuos y con la mejor utilización de los recursos económicos utilizados para la construcción y mantenimiento de las obras.
En la 22ª Reunión Técnica de la Asociación Argentina de Tecnología del Hormigón, Salta, 2016, me referí a «La Tecnología del Hormigón en el CIRSOC 201- 2005. Criterios básicos y reflexiones a 11 años de su aprobación». En aquella oportunidad expliqué los criterios utilizados en el reglamento y sus fundamentos. También hice unas primeras reflexiones sobre las experiencias recogidas en su aplicación y enfaticé que «es imperativo construir estructuras sustentables y debemos ayudar a formar los recursos humanos necesarios para la actualización periódica del Reglamento y su correcta aplicación». También señalé que «los miembros de la AATH somos depositarios de una tradición de más de 50 años que no debe perderse».
Luego, en Olavarría, 2018, en la 21ª Reunión Técnica de la Asociación Argentina de Tecnología del Hormigón, indagué algunas reflexiones surgidas de mi experiencia en la aplicación del C201-05 y otras sobre la necesidad de actualizar los requisitos tecnológicos del reglamento.
La Tecnología del Hormigón en el C201-05 continúa una secuencia que comenzó con el PRAEH-1964 y se mantuvo hasta la actualidad. La tecnología del hormigón de todos ellos se basó en los desarrollos, recomendaciones y códigos del American Concrete Institute (ACI).
En el año 1996 se editó el Reglamento CIRSOC 201-M (C201M-96) para su aplicación en el ámbito de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Esta versión incorporó la tipificación de los ambientes a que estarán expuestas las estructuras. Dicha tipificación no estaba en el ACI, se basó en las normas de la Comunidad Europea, y actualizada, se incorporó luego en el C201-05.
El C201-05 fue aprobado por el Comité Ejecutivo del CIRSOC, pero eso no implicó que tuviera vigencia oficial. Para eso era necesario que los distintos organismos de aplicación de todo el país lo fueran adoptando en sus respectivas jurisdicciones. El primero en hacerlo fue el Ministerio de Obras Públicas de la Nación y luego se fue poniendo en práctica en distintas provincias y municipalidades. Sin embargo, aún hoy su aplicación no se ha completado en todo el país.
El C201-05 incorporó los conocimientos de tecnología del hormigón disponibles en el momento de su elaboración. Como consecuencia de ello aportó importantes innovaciones y progresos tecnológicos a las obras. Es cierto que su aplicación reveló puntos oscuros y que los resultados no son totalmente satisfactorios, pero si se hace una comparación con lo que ocurría antes de 2005, pueden notarse contundentes mejoras. Quiero enfatizar estos conceptos, que no deben opacarse por las deficiencias surgidas en la aplicación y la necesidad de actualizar al C201-05.

ATRASOS Y DEFICIENCIAS
El C201-05 hoy atrasa. Como indicador de ello cabe destacar que la tipificación de los ambientes se basó en la versión preliminar de 1990 de la que luego sería la norma EN 206.
El primer borrador del C201-05 estaba terminado a fines del año 2000 y lo aprobó el Comité Ejecutivo del CIRSOC a principios de 2001. Pero luego vino la crisis y en esas condiciones se consideró que no era conveniente someterlo a discusión pública, la cual se realizó recién en 2003. En el año siguiente, se discutieron las observaciones, se consensuaron las objeciones y finalmente el Comité Ejecutivo lo aprobó en 2005, fecha en la que se elevó a la Secretaría de Obras Públicas de la Nación para su puesta en vigencia legal en todo el país para las obras públicas nacionales. Es obvio que el reglamento vigente tiene tecnología del siglo pasado, aunque algunos puntos se adecuaron a principios del presente.
Por otra parte, se trata de un reglamento exclusivo para estructuras de edificios, a pesar de que se lo aplica a todo tipo de obra de hormigón, como había ocurrido con los reglamentos anteriores.
Pese al tiempo transcurrido, todavía existen ámbitos oficiales en los que no tiene vigencia, como sucede en las obras públicas de la provincia de Buenos Aires. Asimismo, hay colegas que aún no lo conocen o que lo conocen parcialmente, lo cual da lugar a que se lo extrapole mal y que genere conflictos en las obras.
También suelen presentarse dificultades para la aplicación del C201-05. Puedo mencionar, en primer lugar, las ya nombradas falencias de los recursos humanos. La segunda es inherente al mismo reglamento: hay artículos cuya redacción no resultó del todo clara y sus comentarios tampoco son demasiado abundantes, lo cual genera dudas de interpretación que en algunos usuarios.
Una tercera causa es de orden práctico. Para definir las condiciones de exposición hay que evaluar la agresividad de los suelos y las aguas de contacto. Con el nivel tecnológico actual esto debería ser muy simple. Sin embargo, en distintas obras me he encontrado que los estudios hechos durante la etapa del proyecto ejecutivo y durante la construcción, daban resultados contradictorios. Al extremo, que según un estudio el medio calificaba como altamente agresivo y según el otro era inocuo. Este problema ocurre en forma recurrente. Su causa principal es que las muestras se contaminan durante la extracción. Cuando ello se detecta y se quiere repetir la perforación para extraer una nueva muestra y analizarla, surge la dificultad de encontrar los medios para hacerlo en tiempos de obra. Y se concluye adoptando arbitrariamente algunos de los estudios anteriores. Según el grado de certeza de los valores adoptados se puede caer en un desmedro de la vida en servicio de la estructura o en un encarecimiento innecesario.
La cuarta causa que afecta la aplicación del reglamento vigente radica en los sistemas de calidad. El C201-05 los incorporó y se apoyó en su existencia para establecer los criterios de conformidad. Personalmente considero que discutir si los sistemas de calidad sirven, sería un absurdo. No hay nada más que revisar la historia. En sus orígenes, los controles de calidad fueron un factor importante ya que contribuyeron al desarrollo de la industria bélica de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, la incorporación de sistemas de calidad tuvo un rol determinante del auge industrial del Japón durante la postguerra. Pero en la Argentina de hoy, en las obras de hormigón, la aplicación de la calidad es deficiente; se están priorizando los aspectos formales por sobre el objetivo prioritario de hacer las cosas bien desde una primera instancia.
En el caso de los suministros, he detectado situaciones en las que, luego salir de fábrica y pasar por un subcontratista y el contratista principal, el material finalmente utilizado no es satisfactorio. Los respectivos controles, dentro de sistemas de calidad auditados, no fueron capaces de detectar las deficiencias y/o mantener el nivel de calidad deseado.
En la actualidad, al menos para las grandes obras de infraestructura, se exige que las empresas constructoras tengan un sistema de calidad. Lo que suele suceder es que, en lo formal, todo está en orden, pero la estructura tiene defectos. También hay casos en que se tiene una estructura bien proyectada, se hizo un buen desarrollo tecnológico y el hormigón entregado en la obra es satisfactorio, pero la puesta en obra es deficiente y la estructura resulta con deficiencias.
Se olvida que, para que un sistema de calidad sea efectivo es fundamental la capacitación de los actores y su concientización de hacer las cosas bien desde su inicio.

EL ALCANCE DEL REGLAMENTO
El primer párrafo del C201-05 establece que es para edificios. Sin embargo, como en Argentina es el único reglamento que existe para estructuras de hormigón, se lo suele aplicar a todo tipo de construcciones. Esto ya había ocurrido con los reglamentos anteriores. Lo cual puede ser aceptable si se lo complementa con otros documentos que incluyan regulaciones específicas. Lo que no siempre ocurre y entonces surgen problemas en las obras.
Son ejemplos notorios la aplicación del C201-05 al proyecto de diques, a estructuras semi-masivas o al revestimiento de túneles. Esas estructuras tienen aspectos específicos que superan las prescripciones del C201-05 y deben ser considerados.
Hicimos el C201-05 basándonos en el ACI-318, que es para edificios. Pero nos olvidamos que el mismo ACI tiene recomendaciones para los otros tipos de estructuras y que en USA existen también otros códigos elaborados por los entes estatales que se ocupan de las obras específicas como diques y puentes. Es evidente que las mencionadas recomendaciones y códigos nos están faltando, con excepción del Reglamento CIRSOC para puentes (CIRSOC 801- CIRSOC 802 y CIRSOC 804 ) que se encuentra en su etapa de redacción final.

LA VIDA EN SERVICIO DE LAS ESTRUCTURAS
El C201-05, en su Capítulo 2, plantea los conceptos de vida útil de las estructuras y las exigencias para asegurarlas desde el inicio del proyecto. En esto seguimos al Eurocódigo y a su norma de referencia EN206.
La duración de las estructuras fue una preocupación del hombre a lo largo de la historia desde el antiguo Egipto. Yo analicé este tema en mi disertación al incorporarme a la Academia de la Ingeniería de la Provincia de Buenos Aires, en 1997 (ver Hormigón Nº 34, AATH, pp. 11-30. 1999).
En los tiempos modernos, el tema cobró importancia a partir de los años ’70, cuando en el ámbito internacional empezaron a proliferar obras con problemas de durabilidad. Comenzaron las investigaciones que permitieron conocer los fenómenos de deterioro y su prevención y/o control. También se empezaron a desarrollar modelos de predicción. Desde principios del corriente siglo hasta hoy, se desarrollaron numerosas tecnologías para predecir la vida útil, aunque los avances logrados han sido inferiores a las expectativas. Sin perjuicio de ello, los conocimientos y modelos disponibles permiten proyectar estructuras asegurando razonablemente la vida en servicio deseada.
En la Argentina de hoy, ya sea por moda o por convencimiento, es habitual requerir una vida útil en servicio en los proyectos de infraestructura. También es habitual que dicho requerimiento sea igual a 100 años.
Lo anterior introduce un problema en la aplicación del C201-05. Este reglamento, siguiendo al Eurocódigo, indica que sus prescripciones de durabilidad son para lograr 50 años de vida en servicio. Han pasado 20 años desde que se elaboraron esas prescripciones y los conocimientos actuales indican que algunas de ellas son válidas para duraciones mayores. Pero lo cierto es que el reglamento pide que cuando se quiere una vida útil mayor de 50 años, en los Documentos del Proyecto se deben especificar las exigencias adicionales necesarias para lograrla. Y esto no se tiene en cuenta.
Por otra parte, para poder aplicar los modelos de predicción se necesita información sobre el medio ambiente y los materiales y mezclas de posible utilización en la construcción de la estructura. Esa información generalmente no existe y su obtención requiere tiempos mayores que los disponibles en la gran mayoría de las obras. En los países desarrollados, en las obras de infraestructura donde se requiere una vida en servicio prolongada, sus comitentes realizan investigaciones importantes para determinar los parámetros de diseño tecnológico durante la etapa del Proyecto Básico o Licitatorio.
En Argentina, salvo el caso de algún dique, esto no se hace. Lo que termina sucediendo es que la vida útil requerida se incluye en el pliego sin darle relevancia. Luego se realiza el proyecto ejecutivo sin considerarla y cuando llega el momento de construir aparecen las dificultades para asegurar la vida en servicio. Pero ya hay definiciones que no se pueden modificar y que dificultan asegurar la vida deseada por el Comitente.
Si realmente es de interés generalizado asegurar la durabilidad a las estructuras, éste es un ítem a ser planteado desde el principio, tal como figura en el C201-05 y las normas europeas. Por otra parte, es necesario definir qué significa que una obra dure ‘cien años’: ¿Tiene que durar ese tiempo sin mantenimiento? ¿O acaso es que dentro de esa perspectiva de duración hay que incluir la estrategia de mantenimiento, que es lo que se hace en los países más evolucionados y reclama el mismo C201-05?
Por otra parte, para poder hacer mantenimiento, la estructura tiene que estar preparada para ello. En este sentido, si las condiciones medioambientales son difíciles, no sólo hay que prever que dure cierta cantidad de años, sino también cómo se va a reparar. En otras palabras, qué tipo de mantenimiento habrá que hacerle a la estructura para que siga existiendo.
Hace 20 años el CIRSOC hizo un aporte importante al aseguramiento de la vida en servicio de las estructuras de hormigón. Ello debe ser actualizado y especialmente, correspondido con el aporte de los propietarios de las obras y de los encargados de materializarlas.

EL REQUERIMIENTO DE UNA SUCCIÓN CAPILAR MÁXIMA
Este tema tiene una vinculación estrecha con la vida en servicio y el uso de adiciones minerales activas (escoria de alto horno, cenizas volantes, microsílice y puzolanas naturales).
El C201-05 requiere razones agua cemento máximas (a/c) para cada tipo de exposición. Cuando se utilizan adiciones minerales activas el requerimiento vale para la razón agua/material cementicio (a/mc).
He mencionado anteriormente que la tipificación de los ambientes y los requerimientos, para cada uno de ellos tiene una fuerte influencia europea. En la EN 206 y el Eurocódigo, Se toma (mc = cemento + k * adición), siendo k un coeficiente de eficiencia de la adición. Las normas europeas dan valores de k para las distintas adiciones. Pero esa información no existía para las que se utilizaban en Argentina en la época de elaboración del Reglamento. Entonces, adoptamos el camino prestacional de asegurarnos una estructura de poros mínima a través de requerir un comportamiento medible con un ensayo de laboratorio. En ese entonces también se consideraba que el ensayo de succión capilar aportaba información adecuada y fue adoptado estableciendo un valor máximo admisible.
Considero que la utilización de este ensayo ha sido positiva, pese a las dificultades para su ejecución. Su aplicación aportó seguridad sobre la eficiencia de las adiciones minerales activas utilizadas y el cumplimiento de la razón a/mc máxima admisible.
También permitió conocer mejor a las adiciones minerales activas utilizadas en nuestro medio y mostró que algunas de ellas son eficientes para asegurar la durabilidad. Lo cual abre la posibilidad de aplicar esta exigencia solo a hormigones con determinadas adiciones. Como ejemplo, creo innecesario mantener la exigencia de la succión capilar máxima a los hormigones con escoria siderúrgica. Por el contrario, se debe seguir aplicando este requisito a las puzolanas naturales existentes en el país. El tema amerita ser replanteado y discutido en una próxima actualización del C201-05.

Figura 1.

SOBRE LA REACCIÓN ÁLCALIS SÍLICE (RAS)
Esta problemática ofrece algunas dificultades. No por desconocimiento del tema, sino porque las herramientas disponibles tienen complicaciones instrumentales.
En su momento, cuando se elaboró el C201-05, adoptamos criterios que, en ese momento, eran las más avanzados del ámbito internacional. Pero desde entonces se avanzó significativamente en el conocimiento de la RAS y aquellos criterios quedaron superados. Las tendencias actuales son las que recogen institutos como la Canadian Standards Association, la Federal Highway Association de Estados Unidos (FHWA), el IRAM, la Asociación Brasilera de Normas Técnicas y la RILEM. Todas son similares. Las diferencias están en la rigurosidad de aplicación de algunas herramientas.
Trataré de explicar los aspectos principales de método actual de prevención de la reacción álcalis sílice (MAP-RAS), con la ayuda del diagrama siguiente (VER FIGURA 1).
Los métodos para determinar la RAS de los agregados son los mismos del C201-05, con variantes de aplicación según el Instituto regulador. Pero en los MAP-RAS se agrega la clasificación del grado de reactividad del agregado a partir de los resultados de expansión obtenida en los ensayos físicos.
El paso siguiente es determinar el riesgo de ocurrencia de la RAS. Para ello se tiene en cuenta el grado de RAS del agregado determinado anteriormente, las dimensiones del elemento estructural y las condiciones de exposición de la estructura.
Por otra parte, se clasifica a la estructura según la magnitud del daño, la tolerancia al daño de la estructura y la vida en servicio requerida.
Según la clase de estructura y el nivel de riesgo de RAS, las normas indican las medidas de prevención a aplicar. Estas se basan en límites máximos de álcalis equivalente en el hormigón y en la incorporación de adiciones minerales activas en la cantidad necesaria para inhibir a la RAS. Las medidas de prevención pueden ser prestacionales o prescriptivas y sobre ellas hago comentarios más adelante.
El procedimiento es muy racional ya que tiene en cuenta los distintos factores que inciden en la RAS y sus respectivas magnitudes. Y hasta aquí parece simple. Pero aparecen problemas en el uso de las herramientas para aplicarlo.
Según el C201-05, un agregado puede ser aceptado como no reactivo según su petrografía y ello es definitorio sin más evaluaciones. En las MAP-RAS el uso de la petrografía se ha relativizado. IRAM advierte que un agregado puede ser aceptado como no reactivo, pero existe cierto riesgo pues algunas fases reactivas pueden no ser detectada por microscopia óptica. Consecuentemente, IRAM acepta la petrografía para determinar si el agregado tiene RAS potencial pero no la admite para determinar su grado de reactividad. En una posición más rigurosa, la FHWA aplica la petrografía solo en una primera instancia de orientación.
También existen diferencias con el ensayo acelerado de barras de mortero (MABM). Según IRAM, el método no detecta la RAS de ciertos agregados que han tenido daños en servicio o en el ensayo IRAM 1700. Ello ocurre con algunos rodados silíceos del río Uruguay y con granitos, granodioritas, gneises y areniscas con cuarzo tensionado. Con lo cual son muy pocos los agregados que pueden evaluarse con el MABM. En estos casos se indica aplicar el método del prisma de hormigón (MPH) IRAM 1700. En una posición más exigente, la FHWA directamente excluye la aplicación del MABM.
Pasaré ahora a comentar la adopción de las medidas de prevención de la RAS.
En el caso de las medidas prestacionales con adiciones minerales inhibidoras, ellas deben ser verificadas mediante ensayos. Las normas IRAM aplican el MPH a 2 años. Como alternativa se puede aplicar el MAPM, aunque se sugiere verificar previamente que el agregado responde a este ensayo realizando ensayos comparativos con el MPH a 1 año. Por su parte, la FHWA verifica solo con el MPH a 2 años. En cualquiera de los casos, según el tipo de obra resulta razonable realizar verificaciones que necesitan tiempos de ensayo mínimos de un año, que habitualmente no se dan en las obras.
Se tiene que ir entonces a las medidas prescriptivas que requieren conocer el grado de reactividad del agregado, y si no se lo conoce se exige asumir que el agregado tiene la máxima reactividad posible. En ese caso, las soluciones prescriptivas son muy difíciles de materializar. Esto es lo que pasa hoy en el medio nacional si se quieren aplicar las MAP-RAS como las IRAM o sus equivalentes del ámbito internacional.
Se está llegando a una instancia en la que es fundamental tener una información previa para poder aplicar las nuevas MPA-RAS.
Algunas de las preguntas que me hago son: ¿Por qué hay que suponer que el agregado tiene la máxima reactividad posible, cuando se tiene experiencia de sobra sobre la mayor parte de los

Figura 2.

agregados que se usan en el país? ¿Por qué no se usa esa experiencia y se vuelca en las normas nacionales?
Debemos reunir la experiencia disponible, divulgarla, discutirla y aplicarla. En una futura revisión del C201-05, se puede incorporar el grado de reactividad máxima esperable para la mayor parte de los agregados disponibles en el país y utilizarlos en ausencia de ensayos, para elegir las medidas de prevención prescriptivas.

 

CONTROL DE LA FISURACIÓN
El C201-05 eliminó los anchos máximos de fisuras siguiendo al ACI 318. En las estructuras de edificios ello no es significativo pues, si se cumplen todos los demás requisitos del reglamento, la fisuración estará controlada. De hecho, así está funcionando en la actualidad.
Pero ello no es suficiente en otros tipos de obras donde se requiere impermeabilidad o un mayor aseguramiento de la durabilidad. En determinados proyectos, sus Comitentes requieren que no haya fisuras o ellas estén limitadas a un ancho máximo. Y cuando se producen se deben sellar o inyectar. Esto crea un espectro muy amplio de situaciones que incluyen definir el ancho de fisura compatible con las condiciones de uso, cuales pueden y/o deben inyectarse, con que productos de inyección, en que momento debe realizarse la inyección, etc. El tema es muy amplio y da lugar a controversias en las obras.

LA CORROSIÓN POR CLORUROS
Este problema es importante en ambientes marítimos y el C201-05 lo considera adecuadamente. Cabe recordar que el agua de mar tiene aproximadamente 20 mil mg de ion cloro por litro de agua. Por lo que es muy agresiva. Resulta difícil asegurar una vida en servicio prolongada en este ambiente y su tratamiento supera el alcance de esta disertación.
¿Qué pasa cuando el agua freática tiene cloro? Es muy difícil encontrar aguas subterráneas con un nivel ion cloro mayor de dos mil mg por litro de agua, y en la mayoría de los casos no son agresivos ya que sus contenidos están lejos de los niveles que provocan corrosión del acero.
No obstante, el C201-05 considera que un ambiente con presencia de cloro de origen no marino produce corrosión de las armaduras, sin especificar a partir de que límites ello ocurre. Con lo cual, suele ocurrir que en las obras haya que hacer una deducción teórica para verificar si hay riesgo de corrosión. Considero que sería beneficioso, en una futura revisión del reglamento, incluir el límite que está faltando.

AGRESIÓN BIOGENÉTICA EN LAS OBRAS CLOACALES
En Argentina se están construyendo, y está previsto construir, muchos túneles, conducciones menores y para plantas de tratamiento para líquidos cloacales.
Si la estructura es cerrada y trabaja a pelo libre y en la parte inferior se depositan barros donde se genera una bacteria anaeróbica que descompone la materia orgánica y produce sulfuro de hidrógeno, que luego se desprende, emerge al ambiente que está por encima de él, y en la parte superior del conducto otra colonia de bacterias convierte ese sulfuro de hidrógeno en ácido sulfúrico. En estas situaciones, es común que el pH de estas zonas esté entre 1 y 3 que hormigón no resiste y se degrada.
Para lograr la vida en servicio que requiere el proyecto se puede recurrir a un hormigón de sacrificio y/o a una protección superficial.
En estas obras es habitual aplicar el C201-05, agregando en los pliegos el requerimiento de protecciones superficiales. Pero este caso no escapa a la situación general planteada anteriormente para el aseguramiento de la vida útil en servicio. Las especificaciones suelen no ser suficientes en cuanto a la calidad de la protección, su aplicación en obra y los controles a realizar sobre el material colocado. Tampoco se prevé las estrategias de la protección, que seguramente requerirán suspender el servicio del elemento a reparar y serán de costo elevado.
Este tema supera al C201-05 y a su futura revisión, considero oportuno estudiarlo e incluido en un documento específico.

LOS CRITERIOS DE CONFORMIDAD POR RESISTENCIA
El C201-05, siguiendo al ACI 318, adoptó como resistencia de diseño o resistencia característica a la que, en una distribución gaussiana, corresponde a un 10% de defectuosos ( f´ck = f´c= X10%)(VER FIGURA 2).
Pero el reglamento no hace cálculos estadísticos para verificar la resistencia en obra. En lugar de ello estableció criterios de conformidad que se basan en los resultados de un número reducido de ensayos. Ellos están pensados para obras donde se hormigona una vez por semana, a lo sumo dos veces, con material provisto por una planta externa.
El C201-05 estableció dos criterios que se aplican según que la planta elaboradora opere con un sistema de calidad (Modo 1) o sin él (Modo 2).
Según la información que he podido recoger, en las estructuras de edificios estos criterios se aplican satisfactoriamente y han incentivado el desarrollo de la calidad de las plantas.
En obras de infraestructura, el Modo 1 tampoco ha presentado inconvenientes.
Pero suele haber obras donde se hormigona 5 días a la semana, se extrae una muestra cada 2 moto-hormigoneras, se dispone de más de 30 ensayos que ajustan a una distribución normal y la dispersión corresponde a una producción buena o muy buena.
En estos casos cabe preguntarnos si no deberíamos incorporar un tercer criterio de conformidad que se aproxime a una evaluación estadística con mayor número de ensayos. Especialmente cuando la planta elaboradora no tiene un sistema de calidad, pero las muestras de control las extrae la Inspección en la misma Obra. Me ha tocado actuar en casos donde el criterio del Modo 2 indicaba hormigón no conforme, pero un análisis estadístico, con las muestras disponibles, mostraban que el hormigón colocado tenía una resistencia superior a la de diseño.
Asimismo, considero que en las obras de infraestructura y en obras industriales con modalidad de hormigonado similar, debería ser posible aplicar un criterio más próximo a la evaluación estadística.
Dentro de este tema suele darse que la evaluación de las probetas moldeadas indique no conformidad porque la resistencia está algunos MPa por debajo de la especificada. Esto suele ocurrir en la práctica y da lugar a fuertes discusiones y demoras en las obras, en lugar de evaluar: si la estructura tiene suficiente seguridad; es apta para el fin previsto y tendrá la vida útil requerida por su propietario con el mantenimiento previsto en el Proyecto. Cuando esas tres evaluaciones resultan positivas, la no conformidad inicial pasa a ser un aspecto administrativo-contractual y debería discutirse en ese contexto.
Si, por el contrario, las respuestas son negativas, el reglamento le da al proyectista los pasos a seguir para hacer sucesivas evaluaciones y determinar finalmente si la estructura es apta o no.

ACERCA DEL HORMIGÓN CON FIBRA
El C201-05 no lo menciona. Pero el FIB Model Code 2010 incluye prescripciones para su diseño y el ACI tiene documentos con recomendaciones para aplicaciones específicas.
Actualmente se usa en pavimentos y pisos industriales, elementos delgados, hormigón proyectado, prefabricados para revestimiento de túneles, prefabricados para viviendas, para mejorar el comportamiento frente a incendios y explosiones. Sin embargo, en nuestro país no existe ningún documento normativo de seguridad que sirva para diseñar este tipo de estructuras.
A modo de ejemplo, la International Tunnel Association menciona en un boletín reciente el caso de túneles construidos con máquinas tuneleras (TBM) que, al mismo tiempo que perforan, van colocando el revestimiento de dovelas prefabricadas con hormigón reforzado con fibra, sin armadura convencional. Esto se aplica a túneles de uso ferroviario, carretero, cloacal y de suministro de agua. El mismo boletín menciona que, ya en el año 1982, en Italia, se construyó un túnel de 5,8 m de diámetro con esa tecnología. Desde entonces, se han construido túneles de hasta 11 m de diámetro. Es decir, que es un material que hoy se usa en el ámbito internacional.
Más aún, en los túneles viales y ferroviarios un problema importante es el incendio, con temperaturas que pueden alcanzar 700° u 800°. En estas condiciones, el hormigón se afecta como estructura resistente y hay que repararlo. Pero más grave es el hecho de que, durante el incendio, se producen desprendimientos violentos de hormigón que puede afectar a las personas. Es por eso que en el mundo se agregan fibras de polímeros. A temperatura elevada estas se funden, hacen al hormigón poroso y permiten la salida de gases evitando la explosión.
Tenemos un hueco normativo que debemos considerar en el futuro.

OTROS TEMAS QUE DEBEMOS ACTUALIZAR O INCORPORAR
No por menos importantes, pero sí por la extensión que ya lleva esta disertación, me quedan algunos temas que necesitan ser actualizados o incorporados a los reglamentos CIRSOC. Solo me limitaré a enunciarlos.
Hormigones con f’c > 60 MPa. Esta limitación del C201-05 ha quedado superada y ya se están empleando resistencias de diseño mayores.
Hormigones auto compactados y hormigones proyectados. No están contemplados en el C201-05 y se están empleando.
Curado a vapor. Algunas limitaciones del C201-05 han sido superadas por la práctica, exitosamente.
Resistencia a la carbonatación y espesor del recubrimiento. Existen aportes internacionales y estudios realizados en el país, a nivel de experiencias de obras en servicio y estudios de laboratorio, que vinculan ambas variables. Deberían ser consideradas en los requisitos por durabilidad, al menos de algunas estructuras para las que se requiere una vida útil mayor que 50 años.

A MODO DE CONCLUSIÓN
Mi experiencia profesional desde la aprobación del C201-05 me ha permitido tener una visión sobre la aplicación del reglamento, que he tratado de resumir en estas páginas, con la expectativa de que ellas puedan ayudar a la futura actualización y/o elaboración de los reglamentos CIRSOC.
De esas reflexiones quiero enfatizar que la implementación del C201-05 fue exitosa, aunque algunos de sus contenidos han sido superados por el avance tecnológico.
Debemos entonces actualizar el C201-05 para Edificios, elaborar documentos para otras estructuras, continuar difundiendo los conocimientos y seguir formando recursos humanos.
Los colegas de la AATH deben seguir siendo protagonistas en lo que hace a la tecnología del hormigón.
Pero todos deben entender que estas acciones hacen a la seguridad y a la duración de las estructuras. Por lo que protegen la vida y los bienes de los ciudadanos y ayudan a un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles para realizar más y mejores obras.