“La carencia de caminos condujo a un despoblamiento masivo del campo”

 Revista Vial dialogó con el Ing. Leopoldo Hugo Montaño, presidente de la Dirección Provincial de Vialidad de Jujuy, organismo dependiente del Ministerio de Infraestructura, Servicios Públicos, Tierra y Vivienda. El ingeniero comentó acerca de la fuerte desinversión que hubo en los caminos provinciales durante los últimos 30 años, así como de los avances en la constitución del camino hacia el parque solar Cauchari, el cual comenzará a funcionar en agosto de este año.

-¿Cuál es la extensión de la red de caminos rurales de la provincia de Jujuy?
Ing. Leopoldo Hugo Montaño: Actualmente, en Jujuy hay alrededor de 8.000 km de caminos rurales. Por cada kilómetro de vía provincial, 2,2 km corresponden a esa red. Es un montón. Por eso mismo, es enorme el desafío de realizar una rehabilitación inmediata.

-¿Cuál es la composición de esos caminos?
L.H.M.: 12,9% de la red vial provincial tiene infraestructura de pavimento. El resto de la red tiene caminos mejorados o ripiados. Este dato ha puesto al desnudo que en los últimos 30 años ha habido un proceso de desinversión en los caminos de la provincia. La media regional debería rondar el 35% de caminos pavimentados. Es duro el dato, pero a partir de él sabemos dónde estamos parados.

-¿Cuál es la razón por la que se ha llevado a cabo esa desinversión?
L.H.M.: Este proceso no fue casual. La razón es simple: nunca se ha consolidado el desarrollo de la infraestructura vial como una política pública. Y la realidad es que, para todo tipo de desarrollo social, se necesitan vías de comunicación en buenas condiciones. De otra forma, no se pueden acercar los frutos de las actividades agropecuarias, mineras, industriales o productivas desde los puntos más alejados a los centros de consumo, para así poder incorporarles valor agregado.

–¿Cómo planean revertir esta situación?
L.H.M.: Estamos trabajando en ello. Tenemos un rumbo y dos planes. Uno es el Plan Operativo Anual (POA), con el que podremos tener controlada gran parte de la recuperación y rehabilitación de nuestra red de caminos. El otro es el Plan Plurianual de Inversiones. Sobre este último, después de un largo período de gestión, felizmente me han dado una gran noticia: ahora podremos acceder al financiamiento para la elaboración del Plan Plurianual de Inversiones Jujuy 2030.
Los recorridos de nuestras rutas están levantados en 3D y ya tenemos terminado el inventario vial, con lo cual sabemos a ciencia cierta en qué condiciones nos encontramos en cuanto a los activos viales, así como dónde están los baches, en qué condiciones se encuentran los refugios para paradas de colectivos, dónde están los badenes y las alcantarillas.
La recolección de esa información nos llevó un año y medio. Hemos terminado el taller el mes pasado con la parametrización de todos los trabajos de rehabilitación y con la configuración de un POA modelo. Está todo en marcha.

-¿Cómo recopilan la información para hacer el relevamiento de los caminos?
L.H.M.: Cada uno de los cinco distritos que tenemos tiene un jefe, y cada uno tiene una tablet en la cual registra los datos que recoge cuando sale a supervisar una obra. Apenas tiene señal, toda la información migra a la unidad del Sistema Integral de Gestión para el Mantenimiento Vial, al que nosotros llamamos Sigma Vial.

-¿Cuál fue el principal desafío al asumir la dirección de la Vialidad Provincial de Jujuy?
L.H.M.: Vialidad era una mesa con las cuatro patas para arriba. El desafío era darla vuelta y pararla. Creo que hemos hecho el esfuerzo y lo hemos logrado. Los cuatro pilares sobre los que hoy se apoya la tabla de la mesa son: el fortalecimiento institucional, la incorporación de innovaciones tecnológicas, la transferencia de conocimiento y el desterramiento y desmembramiento por perpetuidad de la matriz de tercerización de obra y servicios.

-¿Cuál es la maquinaria con la que cuenta la provincia en su parque vial?
L.H.M.: Empezamos la gestión con tan sólo tres máquinas a nuestra disposición. Y actualmente tenemos una flota de 144 equipos en funcionamiento. A quince días de que entrara en Vialidad, el Ministro me llevó por primera vez al parque vial. Era un cementerio de máquinas, camiones y camionetas. La maquinaria estaba abandonada y devaluada, operativa y jerárquicamente. Para revertir esa situación, hemos hecho un gran esfuerzo a lo largo de estos tres años, porque teníamos un sueño.

-¿Cómo fue que se permitió que el parque vial provincial llegara a semejante desvalorización?
L.H.M.: Todos los que han pasado por Vialidad, lo han hecho para hacer negocios. La institución no podía crecer porque tenía un fuerte anclaje en tercerizaciones de privados para hacer ripiado, conservaciones y mantenimiento. Se consumían 78 mil litros mensuales de combustible, eso con tan sólo seis motos niveladoras operativas. Era un gran negocio del que hasta los playeros participaban. Realizar el desmembramiento de la matriz de tercerización de obra y servicio de vialidad ha sido durísimo. Hoy tenemos una flota de 144 equipos viales en operación: tractores, camionetas, camiones, entre otros, y consumimos 100 mil litros por mes.
El proceso de devaluación operativa ha incidido en que Vialidad de la provincia perdiera presencia territorial, cuando antes tenía un gran prestigio. Solía ser la que habilitaba los pasos y los caminos a las escuelas, a las cuencas productivas, a los chaku –que son los encuentros para la esquila de las crías de vicuña– y a todo tipo de actividades. Había un Estado desertor que habilitaba esto.

-¿Qué consecuencias trajo el abandono de los caminos rurales?
L.H.M.: El impacto de no haber trabajado esos caminos y de haberse abandonado lo rural, tuvo como principal consecuencia la explosión demográfica de asentamientos. De pronto, un abuelo quedaba olvidado en el medio de la nada y sus familiares se instalaban en los alrededores, lo cual por otra parte se les facilitaba por el hecho de que los terrenos eran gratuitos.
Esto ha movilizado a todo el aparato productivo de la economía local de vastas regiones de Jujuy, ya que no tenían vías de comunicación adecuadas, ni tenían acceso a ninguno de los servicios –ni de salud, educación o seguridad–, necesarios para el desarrollo de la actividad productiva.
Se podía trazar una línea a lo largo de la quebrada de Humahuaca y encontrar una provincia dividida en dos. La carencia de caminos condujo a un despoblamiento masivo del campo. Ahora, al existir los caminos, la gente está volviendo a su territorio y está empezando a producir nuevamente.

-¿Cuál fue la inversión que se realizó en la Vialidad Provincial desde el cambio de gestión?
L.H.M.: La primera inversión que hemos recibido, en octubre de 2016, ha sido de 300 millones de pesos para la compra de equipos viales, agrícolas, camiones y camionetas.

-¿Cuántas personas conforman el equipo de ingeniería para la red de caminos de Jujuy?
L.H.M.: Somos un equipo de alrededor de 15 ingenieros y hemos contratado a servicios externos para hacer trabajos como el de voladura, ya que nosotros no contamos con personal especializado para realizar ese trabajo.

-¿Qué cambio le han realizado a la ley de Vialidad?
L.H.M.: A partir de la modificación de un artículo, hemos cambiado únicamente el estatus impositivo. Ahora estamos habilitados a ejecutar obras para privados. De esa forma, pudimos ingresar a participar del proceso licitatorio de la construcción de la planta del parque solar de Cauchari.
Firmamos un contrato con tres empresas multinacionales: Power China, Shanghai Electric y Talesun Energy. La actividad laboral que ha generado la realización de todos los caminos internos y las readecuaciones de las seis hectáreas en las que está montado el parque, produjo un ingreso de 9 millones de dólares. Con eso hemos comprado la segunda parte del parque vial.
Por otra parte, entre las compras que hemos realizado con esos ingresos, el mes pasado hemos adquirido una planta asfáltica de producción media. Se la compramos a Covema. Ahora mismo estamos trabajando en la parte de las instalaciones de la provisión de energía, ya que necesitamos 600 kva de potencia para hacerla funcionar. Se instalará en El Pongo, que queda en el acceso al Parque Industrial.

-La ruta de Cauchari atraviesa el mismo lugar del que se extrae el litio. ¿Cómo han manejado la situación?
L.H.M.: Todos los emprendimientos mineros tienen un impedimento, que es la autorización de utilización del territorio. Personalmente, me senté con los encargados de la extracción del litio para solicitarles esa autorización, para así poder pasar por el territorio. Se trataba de un beneficio tanto para nosotros como para ellos. Nuestro objetivo era llegar, en principio, a la punta del parque Cauchari, para lo cual tuvimos que abrir una ruta de 60km. Luego, adentro del parque, la intención es hacer 54km internos. Se trata de un camino enripiado al que ingresa todo tipo de tránsito.

-La construcción del parque solar Cauchari ha generado mucha polémica. ¿Cómo ha impactado esto en la decisión de tender un camino hasta allí?
L.H.M.: La constitución de esta ruta es un deseo del gobierno, que, a raíz de las críticas, gestó un programa a través del cual cualquier interesado se puede anotar para visitar el parque. Los colectivos salen todos los días y llevan de forma gratuita cerca de 50 personas. Ya se han realizado más de 500 visitas. Van turistas pero también estudiantes jóvenes. Todos vuelven asombrados.

-La instalación del parque ha generado inconvenientes con la comunidad indígena que habitaba el territorio. ¿Cómo ha impactado esta situación a la hora de la construcción del camino?
L.H.M.: Cauchari en sí misma era una comunidad indígena que estaba protegida por un protocolo, el cual establecía una lista de parámetros a tomar en cuenta a la hora de explotar la tierra. Lo primero que hizo el gobernador Gerardo Morales cuando asumió fue sacar una ley con la que se estableció que el litio de Cauchari se iba a explotar sí o sí, por vía legal.
Para nosotros, sentarnos con las comunidades para que hagan sus consultas es una necesidad cotidiana, y a la cual estamos a total disposición. Recién entonces entramos en marco de negociaciones para lograr obtener las autorizaciones pertinentes.

-¿Qué cambios han realizado desde la gestión para que esos diálogos se lleven a cabo?
L.H.M.: El cambio es que nosotros vamos directamente sobre los problemas, siempre con la intervención de la Secretaría del Pueblo Aborigen, que acompaña todos estos casos.

-Una de las políticas en las que se enfocaron en Vialidad Provincial le da prioridad a los caminos a las escuelas.
L.H.M.: Así es. La orden y la instrucción en ese sentido es que toda escuela que esté recostada sobre el corredor es una prioridad y hay que hacer para ello un acceso, ya que por ahí tienen que ingresar los docentes para educar a los hijos de nuestro pueblo.

-¿Hay una estadística de cuántos alumnos asisten a las escuelas rurales de Jujuy?
L.H.M.: Ese número es difícil de obtener. La migración interna que se produjo en la provincia por el contexto de un Estado desertor, engrosó los cordones periurbanos de todas las ciudades de Jujuy. No sólo de la capital, sino también del interior. Además del despoblamiento que esta migración ha generado en el campo, también ha producido una deserción escolar importante. Hoy podemos decir felizmente que las comunidades y los residentes están retornando a su territorio, y por ende vuelven a ocupar lugares dentro de la comunidad educativa para los niños. Hemos encontrado establecimientos escolares con cuatro alumnos. Pero esa no es la significación. Consideramos tan importante que se eduquen cuatro jujeños como cien.
Hemos puesto la mira en el corredor educativo de la Ruta Provincial 18, que abraza a cinco escuelas rurales, entre las cuales se encuentra, en primer lugar, la denominada Teniente General Juan Domingo Perón. El peronismo estuvo en Jujuy 35 años y en homenaje a su líder máximo hicieron un acceso de 25 km.
A partir de ahí, avanzamos con la construcción hacia el segundo desafío: la escuelita de Yala en Monte Carmelo, un camino de cintura en la montaña que asciende hasta los 4.000 metros.
Luego, en el pedemonte, donde se encuentra la línea divisoria de la región y de un lado está la puna y del otro lado la yunga. Allí, donde se pasa de un clima seco a uno tropical en cuestión de minutos, hay otra escuela, y estamos trabajando en el acceso a la misma.
También estamos avanzando hacia la quebrada Amarilla, donde tenemos que construir un camino de acceso de 10 km para que los docentes de esa zona ya no tengan que caminar 14 horas para llegar a dar clases.

-El camino que va a Valle Grande suele tener grandes desprendimientos del cerro. ¿Requiere una inversión importante su estabilización?
L.H.M.: Sí, es de los caminos más caros. Hemos puesto en marcha un programa que se llama Mejoras Progresivas y se aplicará a lo largo de los 100 km que tiene esa ruta. El trabajo ya está en marcha hace más de un año.
Creímos que era muy importante incorporar a esos trabajos de mejoramiento a las comunidades. Lo hicimos a través de la celebración de los convenios de cooperación con los pueblos de Valle Grande, Pampichuela y San Francisco, evento que venimos sosteniendo hace tres años.

-¿En qué consisten los convenios de cooperación?
L.H.M.: Es a partir de ellos que se generan puestos de trabajo dentro del seno de los pueblos. El objetivo es que sean ellos los que tengan la responsabilidad de realizar los trabajos de desmalezamiento, limpieza de cunetas, limpieza de alcantarillas, reconstrucción de badenes, etc. Actualmente, están trabajando sobre la recuperación integral de todos los activos viales.

-¿Utilizan las máquinas del parque vial provincial?
L.H.M.: Trabajan en forma coordinada con Vialidad de la Provincia. La mano de obra es local, y Vialidad va con las máquinas y los propios maquinistas capacitados especialmente para cubrir ese puesto.

-¿Es caro el mantenimiento de esos caminos?
L.H.M.: Sí, es carísimo, porque entre cada cantero hay una distancia próxima de 30 km de ripio, que hay que recorrer de ida y de vuelta. No hay canteros que se encuentren más cercanos a las zonas que precisan mayor mantenimiento.

–¿Con qué tipo de suelo tienen que lidiar?
L.H.M.: Mayormente es arcilla. Caen dos gotas de lluvia y los caminos se inundan. Encima es una zona de yungas, donde las precipitaciones son muy altas. Hay una llovizna que puede llegar a durar un mes.
Por otra parte, aquí la tierra tiene una morfología geológica bastante compleja, porque los plegamientos son negativos con todos los planos de buzamientos hacia la ruta. Por lo tanto, cuando cae la lluvia arriba de los cordones serranos, corre por las fisuras que están dentro de la roca, y el agua cae directamente al tendido de las carreteras, que están recostadas sobre los cordones.

-¿Hace cuánto sucede esto?
L.H.M.: Pasa todos los años. Los dos primeros años pensé que algo estaba haciendo mal, ya que se trataba de un problema reincidente. Pero luego me di cuenta de que el problema no es la precipitación en sí misma. Llover, llovió siempre, y siempre lloverá. Lo que hay que hacer es poder controlar el comportamiento de las estructuras del suelo donde está recostado el trazo del camino, para así amortiguar los procesos y tener buenos escurrimientos. En eso estamos trabajando con los ingenieros. Ya los puse a todos de cabeza a estudiar, porque hace 50 años que estamos con lo mismo y hasta ahora no se han encontrado resultados diferentes.

-El suelo jujeño suele tener tierra muy volátil. ¿Trabajan en los sectores más transitados con emulsiones o estabilizadores iónicos para la supresión del polvo?
L.H.M.: Actualmente estamos abriendo un corredor turístico de 220km, que vinculará la ciudad de Humahuaca y la ciudad de Libertador General San Martín. Ahí estamos realizando ahora mismo la experiencia de la aplicación de cloruro de calcio como supresores de polvo, que va a ayudar a que éste no interceda en la fuerte demanda de tránsito que tiene.

-¿Cuál será el recorrido de ese camino turístico?
L.H.M.: El camino atravesará la quebrada, la puna, la yunga y los valles. Apostamos a que este corredor turístico sea superior al de los Siete Lagos. En poco tiempo, vamos a tener conectadas las yungas con la quebrada de Humahuaca muy pronto.