La movilidad sustentable y las motos

CRÓNICAS SOBRE EL TRÁNSITO
*Por el Ing. Oscar Fariña

El lema de “que hay desalentar el uso del automóvil”, de alguna forma ha tenido su correlato, en que progresivamente muchos de los que deben viajar de un punto a otro en los grandes centros urbanos, han optado por reemplazar su tradicional medio de movilidad, para trasladarse en bicicletas, en motos o simplemente volver a utilizar el transporte público, que si bien adolece de variadas deficiencias, progresivamente ha ido mejorando en la prestación de sus servicios.
Consecuentemente con ello han surgido otros problemas, que no son nuevos, pero que con el aumento de la circulación urbana, empiezan a destacarse con mayor intensidad y son los relacionados con los accidentes de tránsito, que tienen una incidencia porcentual tan alta, que afectan sensiblemente la seguridad vial, tal el caso de los desplazamientos de los motociclistas por las calles de la Ciudad.

Palabras iniciales
La palabra “motociclista”, es definida en el diccionario como “persona que conduce una motocicleta” y ésta es, según la Real Academia Española “un vehículo automóvil de dos ruedas con uno o dos sillines”, etc. También se encuentra la palabra motero/a que no es utilizada en nuestro país y se refiere al “aficionado a la moto y al modo de vida a que ha dado lugar este vehículo”. A su vez, la Ley de Tránsito N° 24.449 define lo siguiente:
Ciclomotor: una motocicleta de hasta 50 cm³ de cilindrada y que no puede exceder los 50 kilómetros por hora de velocidad.
Motocicleta: todo vehículo de dos ruedas con motor a tracción propia de más de 50 cm³ de cilindrada y que puede desarrollar velocidades superiores a 50 km/h.
Sin embargo, en el lenguaje coloquial nosotros utilizamos el término “motoquero”, que a veces hace referencia en forma despectiva a los que se desplazan por las calles, por supuesto en motos, en forma violenta sin respetar las normas. Por ello, he realizado una encuesta entre varias personas sobre la interpretación de esta palabra; y descartando algunos comentarios que se acercan más a lo citado en la definición de motero, mayoritariamente la respuesta ha sido que se refiere a un motociclista que utiliza la moto para trabajar, trasladando cargas pequeñas o encomiendas.
En la actualidad, este medio de transporte por las facilidades que presenta, en cuanto a circular rápidamente, aun en situaciones de congestión de tránsito, como las de estacionar en forma libre en proximidades del destino de su viaje y la economía que implica el ahorro de combustible comparado con otros medios, ha hecho que cada vez más usuarios se vuelquen al uso de la motocicleta, tanto para trasladarse a sus lugares de trabajo como medio de un servicio de transporte de pequeños recados y el más actual sistema de delivery. Este incremento se registra tanto en personas de sexo masculino, como en mujeres que cada vez más, se animan a circular con este tipo de vehículos.
Según la Ley de Tránsito, para conducir las motos se debe obtener la Licencia Clase A y haber cumplido los 17 años, lo que incluye “Ciclomotores, motocicletas y triciclos motorizados. Cuando se trate de motocicletas de más de 150 cm³ de cilindrada, se debe haber tenido previamente por dos años habilitación para motos de menor potencia, excepto los mayores de 21 años”. No obstante, se establece como edad mínima de 16 años para ciclomotores de baja cilindrada, en tanto no lleven pasajeros.
Ha sido frecuente frente a este cambio importante en el transporte público, que las autoridades hayan ido implementando numerosas acciones de control para garantizar la seguridad de los ciudadanos y que la gran mayoría de los que usan estos vehículos, vienen acatando las disposiciones pertinentes; no obstante grupos concentrados que operan en determinadas zonas han hecho manifestaciones ruidosas para conservar ciertos privilegios que facilitan su desplazamiento. Frente a todo ello, conforme a las presentaciones en encuentros o seminarios sobre estos temas, los representantes de provincias o localidades de todo el país, han coincido en reforzar la supervisión del cumplimiento de los motociclistas de circular con el vehículo con la documentación y la mecánica en regla, el uso del casco para el conductor y el acompañante, etc. El secuestro de las motos por falta de lo requerido ha dado lugar a la guarda en depósitos municipales de cientos de unidades, que si no son retiradas, terminan en muchos casos siendo subastadas en remate público.

Análisis estadístico de los accidentes con motos
Si se analizan las estadísticas oficiales y me refiero a las publicadas por la Dirección Nacional del Observatorio Vial, sobre los accidentes contabilizados en el año 2017, se tiene un total de 5420 víctimas fatales en todo el país, de las cuales 3915 fallecieron dentro de las 24 horas posteriores al siniestro. Encabeza estos registros, naturalmente la provincia de Buenos Aires, con 1302, seguidos por Córdoba (504), Santa Fe (406) y Mendoza (336).
El Distrito CABA presenta un nivel bajo de este tipo de accidentes con 151 víctimas, que si bien su geografía se limita a unos 200 km², en el mismo se desplazan los mayores volúmenes de tránsito del país. Varias razones se podrían citar para justificar lo expuesto, pero hay que destacar que la circulación vial es mayoritariamente urbana en una infraestructura que brinda mayores condiciones de seguridad, al igual a la red de autopistas que dispone la Ciudad.
Para ser más precisos, debería hacerse la comparación teniendo en cuenta el número de habitantes y el parque automotor y aquí también se tienen notables diferencias en lo referido a la Tasa de Mortalidad (TM) -víctimas fatales cada 100.000 habitantes) y a la Tasa de Fatalidad (TF) -víctimas fatales cada 10.000 vehículos registrados-.
Los promedios de estas tasas en el total del país son:
-TM: 12,3
-TF: 2,3
Los valores registrados para CABA son los más bajos del país con: TM: 4,9 y TF: 0,9. Seguidos por la provincia de Buenos Aires con: TM: 7,6 y TF: 1,6.
Ahora bien, si analizamos el problema bajo el punto de vista del tipo de usuario según el modo de transporte de las víctimas fatales por jurisdicción, nos acercamos a la parte central de la cuestión de la seguridad, que es precisamente lo que nos ocupa en este Artículo. En el Cuadro N° 1 adjunto, pueden verse las estadísticas respectivas.
Si se analizan las víctimas por tipo de usuario según el modo de transporte, se tiene que el mayor número corresponde a los que circulan en moto (1.786) y le siguen los que lo hacen en automóvil (1.499). Si bien el resultado de la seguridad en utilizar la motocicleta, es de por sí muy grave, lo es más aún si se lo considera bajo el punto de vista de la Tasa de Fatalidad. Dado que el número de motociclistas puede estimarse en el orden del 10 % respecto al de los automóviles (esto es variable según las regiones urbanas), y los valores de los accidentes registrados son del mismo orden en ambos medios de transporte (motos y vehículos), ello da lugar aproximadamente a que la Tasa para las motos puede superar en varias veces al promedio general total del país (TF: 2,3).
Esto sencillamente implica que el riesgo de circular en motocicleta, especialmente en las zonas urbanas con alta demanda de tránsito, es muy severo y que debe ser considerado en la gestión de la seguridad a fin de mitigar los efectos de este grave problema.
Al incrementarse el riesgo, el problema se traslada a la cobertura de los seguros, tanto para las motos como para los restantes vehículos. Con una alta tasa de siniestralidad aumentan a su vez los litigios. Es aquí que se viene observando que a pesar de que en la mayoría de los casos, el responsable del accidente es el motociclista que se desplaza con imprudencia, al ser éste el más vulnerable, la Compañía de Seguros de la contraparte, termina haciéndose cargo de los gastos consecuentes del conflicto. 

Propuestas de acción para la seguridad de los motociclistas

En principio, debo destacar que las autoridades viales de la concesión de las Autopistas Oeste y Norte, han puesto un cartel, que podría pasar desapercibido en un conjunto de por sí muy numeroso de los que integran el señalamiento vertical, si no fuera por lo acertado que implica el diagnóstico respecto a la seguridad. Dicho cartel reza: “La moto ocupa un carril” y otro lo complementa con: ”Respetá el carril”. Esto precisamente es el punto central del problema y está en relación a la circulación anárquica de los motociclistas en el tránsito.
Los conductores en general se mueven de acuerdo a los usos y costumbres, lo que no implica que esto se ajuste a las normas de tránsito. Por ejemplo, la obligación de detenerse ante un cartel de “Pare”, o la prioridad en el paso en una rotonda, no son aceptados conforme está reglamentado y lamentablemente esto está asumido prácticamente por todos. De igual manera, los motociclistas se desplazan a lo largo del espacio entre vehículos haciendo el sobrepaso en forma imprudente y ello es observado sin sorpresa a pesar de violarse gravemente la ley.
Esta situación no es nueva y ante el incremento de los accidentes de tránsito las autoridades como ya se ha dicho, implementan acciones concretas y continuas para mejorar la seguridad y que se entienden, dan buenos resultados. Tal el caso del uso del casco para el conductor y su acompañante. Asimismo, la instalaciones de puestos de control policial en variados puntos de las zonas urbanas y en las vías rápidas o autopistas, hacen que los motociclistas se obliguen a desplazarse ajustados a las normas con los documentos y seguros exigibles. En general, en toda la Región Metropolitana, ante la circunstancia de circular entre distintas jurisdicciones, los lleva a tener todo en orden para evitar su eventual detención.
No quisiera terminar este análisis sin plantear algunas propuestas concretas para mitigar el impacto de los accidentes para la comunidad, dicho esto sin intención de hacer un planteo discriminatorio, especialmente a la gran mayoría de los usuarios de este medio de transporte, que se preocupan con cumplir con la ley para seguridad de ellos mismos y de la comunidad.
En principio, consideremos el movimiento de las motos por las arterias coordinadas con semáforos de la Ciudad, donde los automóviles circulan dentro de la onda verde de las calles de mano única y doble mano.
En las primeras, es frecuente como se ha expuesto, que las motos se desplacen entre los coches, que a su vez se mueven dentro de los carriles demarcados. Esto es de por si peligroso, ya que al avanzar a mayor velocidad respecto al conjunto, pueden fácilmente chocar lateralmente con las carrocerías de los vehículos o simplemente con los espejos retrovisores. La así denominada fricción lateral, hace que el espacio que separa a las estructuras en movimiento varíe constantemente, por lo que los motociclistas hacen sonar las bocinas advirtiendo de su presencia, hasta llegar en varias oportunidades a cruzarse a otro “corredor funcional” de forma tal de no detener su marcha. En el caso que el conjunto deba detenerse ante el rojo del próximo cruce, las motos siguen avanzando hasta posicionarse en primera fila. Todo lo expuesto es antirreglamentario, no obstante lo cual, las autoridades de regulación han propiciado una iniciativa que incentiva precisamente este tipo de irregularidad, demarcando un espacio especial con doble línea de pare previo a la bocacalle.
En el caso de las calles doble mano, si bien se repite lo detallado, en general las motos aquí toman mayores riesgos, desplazándose en el eje de la arteria prácticamente sobre la doble línea amarilla, pasando directamente a la mano contraria para hacer los sobrepasos.
Otra circunstancia que agrava más la situación, es cuando los motociclistas arrancan en primera línea y salen a mayor velocidad que la programada en la onda verde, por lo que llegan anticipadamente al siguiente cruce. Por supuesto es muy difícil detenerse con la velocidad alcanzada y luego de observar fugazmente el eventual tránsito transversal cruzan en rojo la bocacalle. Las dos situaciones descriptas son mayoritariamente las causas de los accidentes más importantes.
En lo referido a la circulación en los caminos y autopistas, el exceso de velocidad que se mueven algunas motos de mayor cilindrada, y en menor medida el desplazamiento entre carriles, son las causas aquí de los problemas que se registran en materia de seguridad vial. Es por ello que se encabezó esta sección con los recientes carteles incorporados a la señalización de las vías rápidas.
Es necesario para completar este análisis, plantear aquí lo que se ha constituido con el más grave de los problemas, como es el denominado moto-chorro, en que uno o dos delincuentes en una motocicleta atacan a personas que caminan por las calles de la ciudad y las golpean para robarle sus pertenencias, principalmente el teléfono celular. Independiente del nivel de agresión ejecutado y en el caso que estos sinvergüenzas sean detenidos, los jueces intervinientes los procesan y de no ser reincidentes, habitualmente los liberan en menos de 24 hs frente al estupor, irritación y desaprobación de la población. Más allá de que pueda interpretarse como un acto de irresponsabilidad, los jueces y fiscales en general actúan conforme a derecho, a partir de lo establecido en el Código de Procedimientos en el ámbito penal. Es por ello que en definitiva la solución es eminentemente política ya que los funcionarios de los poderes constituidos deben corregir las normas vigentes y actualizarlas conforme las prácticas modernas en la materia.
No obstante, debe destacarse la actuación de los cuerpos policiales, que en forma permanente actúan en defensa de los derechos ciudadanos, como así también los funcionarios comunales y provinciales que han ido implementando una serie de acciones para mitigar las consecuencias de los hechos planteados. Entre ellas, se destaca que los motociclistas y los acompañantes deben llevar además de los cascos, pecheras amarillas con el número de la patente de la motocicleta. Esto si bien parece sencillo, ya que se observa que progresivamente se va cumpliendo lo establecido, existen grupos organizados que rechazan todo tipo de restricción a la libertad de desplazarse por la ciudad con este medio de movilidad.
En oportunidad que estaba cerrando este artículo, acerté a cruzar la Avda. Callao y una manifestación de motos en general de alta cilindrada y en forma muy ruidosa circulaba por esa arteria del centro, supervisada por vehículos de la policía. Lo extraño era que muchos de estos personajes, vestían con casacas de cuero, anteojos oscuros, barbas y algunos de ellos de edad madura. Ante las consultas que hice en el lugar, se puso en claro que no aceptaban entre otras cosas lo de las pecheras amarillas y todos los que opinaban los identificaban como los motoqueros. Aquí vuelvo a esta palabra, que entiendo tiene también esta última acepción. Sin ánimo de discriminar, no puedo evitar regresar a esa enorme película de los años sesenta que en nuestro país se tituló “Busco mi destino”.
Finalmente, para cerrar este análisis, propongo que debería encararse una discusión profunda de esta problemática entre los principales actores, es decir las autoridades y los usuarios del espacio público, dado que la desobediencia masiva a lo reglamentado, debe corregirse para evitar más víctimas y llegar a un acuerdo social a fin de determinar las reglas básicas a cumplir en un período de transición, previo al control policial posterior para sancionar a los infractores.
Que todo sea para mejor. Hasta la próxima.