Los caminos y una velocidad acorde a las condiciones de la vía

*Por Claudio Andrés Verón, estudioso en materia de Seguridad Vial. Tucumán, Argentina.

Desarrollar velocidades acordes a las condiciones del camino es una actividad fundamental que tenemos que comenzar a poner en práctica para lograr una conducción más armónica y segura para todos, teniendo en cuenta que el exceso de velocidad es considerada una de las principales causas de los siniestros de tránsito y esto responde a que la mayoría de los conductores no adaptan la velocidad en la que circulan conforme a las condiciones del camino. La conducción nocturna, caminos sinuosos, neblina, superficie mojada por la lluvia, desconocimiento de las rutas, etc., son algunas de las circunstancias que deberíamos tener en cuenta para reflexionar y comenzar a modificar algunas conductas en el tránsito en virtud de generar comportamientos promotores de nuestra propia seguridad en momentos de conducir vehículos.
Haciendo lectura a algunos informes, se dio a conocer que, según estudios de la OMS, los accidentes de tránsito forman parte de las 10 principales causas de muerte en el mundo y el 40 % de esos accidentes son ocasionados debido al exceso de velocidad. Dicha Organización establece que, el aumento de la velocidad promedio guarda relación directa con la probabilidad de que ocurra un accidente de tránsito y con la gravedad de sus consecuencias. Por ejemplo, un incremento de un 1% de la velocidad media del vehículo da lugar a un aumento del 4% en la incidencia de accidentes mortales y de un 3% en la de accidentes con traumatismos. Dicho por expertos, el riesgo de muerte de un peatón atropellado por la parte frontal de un vehículo aumenta enormemente con la velocidad (se multiplica por 4,5 de 50 km/h a 65 km/h). Y, en el caso de un impacto lateral entre automóviles que circulan a 65 km/h, el riesgo mortal para los pasajeros es del 85%.

La infraestructura vial
Es sabido que el trazado geométrico de las vías generan valiosos y positivos aportes a la seguridad vial, pero así también, el mal estado o formas inadecuadas de los caminos pueden afectar considerablemente a la seguridad. Lógicamente, no sólo dependerá de los factores ya conocidos tales como, de la geometría del trazo, el cumplimiento normativo del diseño geométrico, la consistencia del trazado y la señalización de tránsito sino que también de la conducta de los usuarios que la utilizan. Entonces, se entiende que, es a los usuarios a quienes deberíamos brindarles vías adecuadas a las circunstancias y son los usuarios quienes deben también, claro está, adecuar sus actitudes en la conducción de vehículos, tal como adaptar la velocidad a las necesidades que se presentan en el tránsito.
La velocidad desarrollada por un conductor, no debería ser superior a la velocidad que ha servido de base al diseño de la vía de circulación: donde ésta resulte anormalmente baja, concepto que el conductor debe tenerlo en cuenta, a no ser que la apariencia del diseño defraude sus expectativas. Por ello, si el diseño de la vía es favorable para la seguridad, mayor será la velocidad adecuada. Por eso, las autopistas modernas son tan seguras: se han reducido tanto el riesgo activo como el pasivo, pese a que la velocidad pueda ser mayor. Ahora, donde el diseño de la vía no sea tan favorable, para disminuir los accidentes y las víctimas hay que bajar la velocidad, eso forzando su elección. Pero surgen problemas: si no se aumenta la percepción del riesgo por parte de los conductores; la velocidad se puede imponer hasta la que inviten el trazado y su entorno, pero por debajo de ésta será difícilmente asumida por los conductores.

Legislación, física y velocidad
En Argentina, la Ley de Tránsito 24.449, en relación a la velocidad precautoria, en su Artículo 50, establece que: “El conductor debe circular siempre a una velocidad tal que, teniendo en cuenta su salud, el estado del vehículo y su carga, la visibilidad existente, las condiciones de la vía y el tiempo y densidad del tránsito, tenga siempre el total dominio de su vehículo y no entorpezca la circulación. De no ser así deberá abandonar la vía o detener la marcha”. Entonces, para poder adaptar la velocidad a la que circulamos y estar conscientes de la acción que realizamos, es necesario saber que la velocidad es el espacio que recorre un cuerpo en determinado tiempo. En resumen, si un conductor circula a una velocidad de 100 km/h, estará avanzando 27.7 metros en un segundo, y necesitará aproximadamente 55 metros para detener su vehículo por completo; y esta distancia de detención se requiere si la superficie de rodamiento está seca, y si los neumáticos están en buenas condiciones. Pero si la superficie de rodamiento esta mojada la distancia de frenado aumentará a 136 metros aproximadamente.
Pero no todas las circunstancias ligadas a los accidentes están relacionadas con la detención del vehículo: para mantener una trayectoria curva, entre los neumáticos y el pavimento se tiene que movilizar un rozamiento transversal que, si es excesivo, puede perturbar la configuración del vehículo o producir su deslizamiento. También influye en la siniestralidad la disminución de velocidad que hay que lograr, desde la máxima en la alineación recta anterior a la curva, hasta la de paso por la curva.
Hagamos esto más personalizado: en un choque con mi vehículo la fuerza a la que se ve sometido el tejido humano en el impacto es el producto de la masa y la velocidad. Así, la energía cinética que se debe absorber es igual a la mitad de la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad, lo que demuestra que el efecto de mi velocidad se ve extremadamente intensificado a medida que voy acelerando. El daño corporal dependerá también de la forma y la rigidez de la superficie o el objeto sobre el que se produzca el impacto generado por mi choque, pero por lo general el aumento de mi velocidad es el factor que juega el papel más importante.
Los límites de velocidad adecuadamente establecidos fomentan su cumplimiento voluntario y separan de la mayoría a los conductores de alto riesgo. Por el contrario, si el límite de velocidad no se corresponde con el trazado de la vía y las condiciones del entorno, la limitación no cambia realmente la actitud de los conductores, ya que la percepción que tienen es que se les fuerza a conducir a una velocidad inferior, y no la adoptarán voluntariamente. Muchas investigaciones han demostrado que, en vez de atenerse a los límites legales, los conductores tienden a seleccionar una velocidad que consideran segura en función de su percepción del entorno inmediato.
Yo, como conductor de un vehículo, estoy obligado a respetar los límites de velocidad establecidos y a tener en cuenta, además, mis propias condiciones físicas y psíquicas, las características y el estado de la vía, mi vehículo y de su carga, las condiciones meteorológicas, ambientales y de circulación, y, en general, cuantas circunstancias concurran en cada momento, a fin de adecuar la velocidad de mi vehículo a ellas, de manera que siempre pueda detenerlo dentro de los límites de mi campo de visión y ante cualquier obstáculo que pueda presentarse.
A la velocidad en la que estamos acostumbrados a transitar por calles y rutas, es muy difícil que podamos identificar situaciones de riesgos, señalizaciones, obstáculos y demás circunstancias que puede presentarse eventualmente en nuestro camino. Con el tiempo hemos adquirido un acostumbramiento a un andar que es propio de nuestra sensación de seguridad. Una actitud individualista que nos hace creer que estamos convencidos de que hacemos lo correcto pensando que no nos pasará nada. Luego pasa, y como primera excusa, decimos que no vimos la señal o no nos dimos cuenta de tal o cual situación. Lo cierto es que estamos a tiempo. Mientras tengamos la posibilidad de levantarnos al día siguiente, podremos asegurar que es una oportunidad que tenemos para comenzar a escribir una nueva página del libro de la Seguridad Vial, el que tiene como verdaderos protagonistas a los integrantes de tu familia, a tus hijos, a quienes llevas en el auto. Adecuando las velocidades a las circunstancias del tránsito, podrás escribir infinitas páginas de éste y muchos libros más. Los caminos están, habrá que construir más o mejorar los existentes, pero se trabaja día a día para ello, lo que está faltando es saber cómo utilizarlos. Ahora es el momento.