“No hay una visión holística del transporte en la Ciudad”

Luego de trazar un recorrido minucioso por su carrera, la Arq. Margarita Charrière, que hoy dirige el Observatorio del Área Metropolitana de Buenos Aires del Consejo Profesional de Arquitectura y Diseño (CPAU), mostró, cómo la arquitectura se entrecruza con distintas áreas. Desde lo económico hasta lo sociológico impactan en una visión renovada del urbanismo.

En diálogo con Revista Vial, la Arq. Margarita Charrière ofreció una visión acerca de la actualidad en materia de planeamiento estratégico del espacio público, repasó sus intervenciones cuando estuvo en puestos ejecutivos del Gobierno y criticó algunas tendencias como el Metrobus. La arquitecta afirmó que “en términos más globales el espacio público es la vereda, la calle, el parque, el arbolado, es el transporte, es por dónde circulo, dónde me encuentro, es indispensable para que la vida funcione”, por eso –entre otras cosas- no comparte el desarrollo del “mal llamado” Metrobus en la Ciudad de Buenos Aires. “Sabemos que es un sólo carril, con tiempos específicos, y creo que nos postergó otra vez”, opinó.

-¿Qué análisis hace del transporte público en la Ciudad de Buenos Aires?
Arq. Margarita Charrière: Hace tiempo trabajamos bastante sobre lo que significaba tener un subte de superficie que funcionara como red. En París, se sabe que con menos de dos transbordos, llegás a 400 metros de donde vas. Pero para eso tenés que organizar al transporte. Tenés que tener una potestad sobre el mismo. Aquí, lo que regulás es sumamente relativo, son los dueños del sistema. El transporte es para el público, pero no es público. El Estado ha tenido muy poca potestad sobre eso en el sentido de organizar las líneas que entran de afuera. Teóricamente deciden las paradas, pero es muy relativo porque viene el colectivo y te las cambia. Lo mismo con los tiempos de espera. Entonces, el boleto electrónico, que permite que te cambies de sistemas sin pagar otro boleto, siempre fue evitado porque es enfrentar un conflicto.

-¿Y qué opina del Código Urbano?
M.C.: Cuando se aprobó fui la única en advertir que es el primer plan urbano ambiental del mundo que no tiene plano. Es una pieza literaria. El avance fue negativo, porque la ley dijo que tenés que hacer el modelo territorial pero tampoco fue muy importante porque no se cumplió. El modelo territorial nunca se discutió y nunca se aprobó. Hay líneas generales que no se apoyan en el territorio real. Lo cual discutirlas es como una versión pictórica de un futuro imaginario y se sigue igual. Hoy estamos discutiendo sólo un aggiornamento, pero si el 50 % es lo ya existente, y el 30 % no lo tocás, no es nuevo.

-¿Está de acuerdo con la incorporación del Metrobus?
M.C.: Es lo mismo, sabemos que el Metrobus no es esto. Hemos hecho un gran avance, que es priorizar el transporte público sobre el privado. Hemos hormigonado montones de lugares. Pero yo lo llamo “el enlatado de colectivos”, porque no tienen vías exclusivas, tienen un enlatado, llevo ciertas líneas juntas, en un sistema para hacer recorridos muy parecidos. Además es discontinuo. Por eso está mal llamarlo Metrobus. Creo que esto nos postergó otra vez. El mundo viene hacia una mejora del espacio público y con la relación del peatón. Hoy están las ciclovías, el ensanchamiento de veredas que empecé con mi gestión, pero no pude continuar porque no arreglábamos el transporte. Y no fue por falta de presupuesto, sino para no tener un enfrentamiento con el transporte. Entonces, si hoy miramos el Metrobus de Cabildo, es una agresión al peatón. Quedó arrinconado contra la vereda, compartiéndola con los depósitos de basura. Todo lo que estaba en la calle, subió a la vereda. Si no fuera así lo hubieran resuelto con menos espacio, aun siendo colectivos, respetando cada uno de los tiempos de las paradas y eventualmente haciendo un bypass de vez en cuando por una emergencia pero no tendría que darle carriles para convivir permanentemente cuando no puedo resolver el espacio público en su totalidad porque no corrí las construcciones.

-¿Por qué cree que se dan estas situaciones?
M.C.: Entiendo que no hay una visión holística sobre los temas más centrales de la Ciudad, la transferencia del transporte es esencial para hacer este cambio cultural. Nosotros vamos por el transporte público. Todo el mundo va por ese sistema, mejorarlo para que la gente deje de usar el auto particular. En la Ciudad cada vez el espacio es menor. Entonces, las políticas tienen que apuntar hacia el mismo lugar. No puedo decir que voy a resolver una mejor calidad de vida ambiental poniendo a todos esos colectivos en el medio y achicharrando peatones. Creo que el comercio de Cabildo va a morir, porque depende de las veredas y de la fluidez que tiene la gente para circular. Si intento densificar, que es a lo que está apuntando la nueva versión de código, aparece otra contradicción: donde tengo menor calidad ambiental es donde voy a dar mayor constructibilidad sobre el borde. Las propuestas de transporte han sido solamente miradas desde un solo lugar, tengo que ver qué es lo que dejo, lo que priorizo, lo que comparto, qué calidad le doy. En términos más globales, el espacio público es la vereda, la calle, el parque, el arbolado, es el transporte, es por donde circulo, es dónde me encuentro, es indispensable para que la vida funcione. Hace muchos años los presupuestos en las ciudades europeas modificaron su proporción de dónde invertir su mayor cantidad de recursos entre la asistencia a la vivienda, a los usos sociales, a los equipamientos y el espacio público. Éste ganó enormemente en la proporción de resolver en ese conjunto lo que es para todos. A nosotros, aún nos falta bastante sobre esa mirada.

-Y a nivel Nacional, ¿cuál es la visión?
M.C.: Hay una intención del Gobierno de la Nación de dar un plazo para la formulación de una estructura, un pensamiento, una institución de carácter metropolitano. Se le designó al Dr. Suárez Lastra esta misión de encontrar un camino para la resolución de los temas metropolitanos. Donde la Nación, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad están involucrados en el proyecto. Está firmado por las tres partes por primera vez. Es un aliciente pensar que hay ciertos temas que tienen una envergadura que nos afecta de otra manera. Se ha formado una comisión asesora de ese proyecto y una comisión consultiva en la que formo parte; es gente que está formando parte de algún proyecto en particular metropolitano o tiene antecedentes de planificación. La comisión consultiva es honoraria, es convocada por el Dr. Suárez Lastra, y de aquí se formarán los mecanismos, los métodos y lineamientos para trabajar algo de esa naturaleza.

-¿Ya está funcionando?
M.C.: Comenzaron las reuniones y los asesoramientos. Tuvimos tres reuniones con la comisión y hay una metodología para discutir cuáles serían los caminos alternativos y los temas que deberían tratar en primer instancia en los aspectos de la institucionalización y, por otro lado, los mecanismos para que esto sea lo más abierto posible con las dificultades de la escala. Los municipios no son las provincias, cada uno tiene necesidades diferentes, otros signos políticos, distintas posiciones dentro de esto; municipios más ricos, más pobres; y la heterogeneidad hay que contemplarla. La parte positiva es que se ha decidido mirar a otras ciudades, hay proyectos metropolitanos y un objetivo a seguir.

-¿Esta Comisión mantiene una coherencia en el tiempo?
M.C.: El mandato es de institucionalización. Tiene que dejar armado un sistema que permita perdurar en el tiempo, tanto sea en el nivel técnico como en la representación polític­­­­­­­a de manera que, si es una agencia, si es una representación política con ciertas formas articule con los distintos mundos que tienen que participar. Hay cosas que no suceden ni por decreto ni por ley. Suceden porque se logran instalar en la conciencia ciudadana y en la política pública. Eso depende de las personas, de la capacidad inicial que tengan para lograrlo, de la voluntad política de quienes participan inicialmente en esto y de empezar a caminar en ese sentido.

-Es como una institucionalización de las ideas. Es importante el registro, ¿Es un desafío?
M.C.: Es un desafío porque cualquiera que se involucra en un proyecto mayor siendo el dueño de alguna parte menor, algo tiene que consensuar, ceder, compartir, etc. y esto va a pasar siempre en estas escalas. Y es todo un tema, porque no es tan sencillo decir qué le toca a cada cual; es un camino que hay que transitar, no podemos seguir con proyectos unilaterales e independientes que favorecen a unos y perjudican a otros y a veces son inviables de realizar. Hay temas que no se pueden resolver en las unidades menores, se resuelven en las unidades mayores. No se trata de diluir responsabilidades, se trata de tomarlas en conjunto.

-¿Cómo avanza el COMIREC?
M.C.: Creo que es el que más ha avanzado, tiene un financiamiento del BID y están más ligados a la participación local, con municipios dentro de esa cuenca.

-¿El desarrollo se va dividiendo por las cuencas, y no por conectarse entre sí?
M.C.: Creo que es una mirada que quizás se acerca a más a juntar, a anexar, a discutir y a tener un proyecto en común en virtud de esas relaciones. El acceso sudeste, junta los municipios para discutir los problemas a favor y en contra de las cosas que pasan a su alrededor. Y por ejemplo, los problemas de inundabilidad no los puedo resolver acá si no estoy mirando que estoy haciendo cuencas arriba. Con estas cuestiones quién paga qué cosa. Para no inundarme allá, tengo que estar pagando acá arriba. No es una mirada, es otra mirada para tratar de entender soluciones proyectuales que afectan al mejoramiento y a la calidad de los que están involucrados en el sistema.

-¿Qué sucede con la cuenca del Matanza?
M.C.: Hubo un proyecto con la Di Tella que está en la agenda del Plan Urbano Ambiental; había cuatro temas para tratar metropolitanamente. El sistema de transporte metropolitano, el sistema de planeamiento metropolitano, el sistema ambiental y uno solo que era proyectual, la cuenca Matanza -Riachuelo. Cuando se hablaba de bicentenario, que era el lugar más contaminado del mundo y que sobre ese lugar había que actuar no solamente pensando en descontaminar sino también para qué era útil. En ese momento, aparece en uno de los folletos del plan, la idea del tren y las grandes cosas que podía tener. La reutilización de los grandes equipamientos de Ezeiza, las zonas recreacionales, el tema del transporte y la logística del Mercado Central. Hay un montón de cosas sobre el sistema económico digamos que serían súper útiles. En algún momento, hubo un estudio de tres sistemas ferroviarios o de aggiornar combinando sistemas existentes o hacer uno completamente nuevo que terminar en Constitución por la debilidad que tenemos que el único vínculo con Ezeiza es por autopista.

-¿Están a cargo del Observatorio?
M.C.: Con el Observatorio nos propusimos ser una base de información urbanística. Mostrar las cosas que se han desarrollado o los proyectos existentes que casi siempre son difíciles de andar buscándolos por las distintas estructuras de gobierno. Intentamos democratizar la información urbanística. Bajo esa intención, se organizó información en las distintas escalas, se la actualiza, y se suman las propuestas existentes. No hemos salido a golpear puertas, por eso son las convocatorias para que voluntariamente la gente presente sus propuestas, sus proyectos, y quienes trabajan en estas cosas tengan un registro e información pertinente. Lo que hemos logrado es tener un muy buen informe sobre la seriedad del lugar. Es una de las bases de tener un observatorio, que las bases sean confiables.

-¿Haber estado afuera te abrió la visión?
M.C.: Si, en Francia, un año en ordenamiento territorial, me abrió la cabeza en lo que es la gestión; porque los franceses en la capacidad de operar los procesos de planificación son excelentes. Eso y la participación que se iniciaba en esos años me llevaron a esas situaciones de tratar de instalar siempre proyectos y llevarlos a que sucedan. Tengo una formación muy importante en quienes fueron mis docentes y con quienes estuve involucrada. Fue un mundo donde compartí mucho y que yo he valorado enormemente, por lo que aprendí de esas personas que sabían de la gestión y de la participación, y que lograron que esas cosas se ejecutaran. Entonces, ese aprendizaje más lo otro, el salir de ese mundo, ver ese de urbanismo de ordenamiento territorial que se hacía en Francia con becarios de distintos países, te cambia.

-¿Has marcado como ejes la pasión, el compartir e involucrarse?
M.C.: He pasado varias veces por la universidad, me llaman para que tome una cátedra, y yo les repito que ese sistema no va conmigo; pero sí he formado mucha gente en equipo. He logrado esa cohesión de equipo de que todos se sienten parte de algo y de sacar lo mejor de cada uno. He tenido equipos muy disímiles. En La Boca, cada área me daba dos personas, y de eso me salió un equipo maravilloso. Cuando encontrás que no es que vos los obligás a hacer algo sino que intentás que saquen lo mejor, sienten orgullo de lo que están haciendo y da mejores resultados.

-¿Habrá que seguir trabajando?
M.C.: Con el Observatorio logramos de alguna manera tener un espacio para que se motive alguna gente a escribir sobre temas de agenda no como un foro exactamente, pero si con personas de reconocida trayectoria. Cuando hay temas que se están discutiendo, pedimos dos o tres artículos para que nos aparezcan en el Boletín, como un sello de garantía para ir instalando algunas cuestiones del debate, de los que se dan de costado y que muchos no lo dicen y no lo hacen públicamente en ningún lugar y que quizá en esta forma medio de papers cortos, posicionando algunos de los temas de nuestra ciudad, y subirle algo más a nuestro sistema. Tenemos un nombre, tenemos una chapa para hacerlo, tenemos amigos.