Desarrollos clave en la región

Informe basado en un trabajo realizado por la Asociación Internacional de Transporte Público (UITP). Desde hace unos años, y con mucho esfuerzo por parte de los gobiernos y los inversores privados, se está dando un proceso de diversificación y modernización del sector del transporte en América Latina y el Caribe. A pesar de las limitaciones que se encuentran a lo ancho y a lo largo de la Región, en cuanto a infraestructura, el estado de los caminos y las trabas en el financiamiento de proyectos, numerosas ciudades latinoamericanas han logrado posicionarse como ejemplo para otras que no cuentan con un sistema de transporte actualizado.

El caso de Curitiba, en Brasil, es uno de los emblemáticos, ya que esa ciudad ha sabido planear satisfactoriamente el transporte público, y con un plan maestro desde 1975, se transformó en el mejor ejemplo de la combinación de un planeamiento urbano con atención hacia las necesidades de movilidad de la población, desarrollo sostenible e integración. Por su parte, el plan Transantiago, en la capital chilena, estipula la integración completa de los sistemas de autobús y de metro; y transformó el antiguo esquema de múltiples empresas en diez concesiones sólidas que operan los sistemas troncales y alimentadores.

Un atributo que se destaca es la integración física, operacional y de tarifa de todos los servicios: alimentadores, troncales y sistemas de metro. Si bien atravesó algunos serios conflictos durante su puesta en marcha, a comienzos de 2007. Asimismo, el proyecto Transmilenio, en Bogotá, Colombia, se presenta dividido en dos fases principales, cuenta con operaciones similares a Curitiba, pero con volúmenes más elevados. En la última etapa implantada, el sistema cuenta con 42 kilómetros de líneas, 50 estaciones y cinco terminales; 335 líneas troncales articuladas y 146 alimentadores.

COSTEAR SOLUCIONES La financiación de los proyectos es otro punto clave en América Latina. Por ejemplo, desde 2005, Metro Säo Paulo, en su línea 4, implementó el primer proyecto de asociación público-privada (Public Private Partnership, PPP), que forma parte del Plan de Integración de Transporte Urbano-PITU 2020. Del total de esas inversiones, el 40% serán financiadas por este sistema. También en Brasil, la ciudad de Río de Janeiro, desde el año 2000, impulsó una fuente de financiamiento a través de un programa que cobra impuestos medioambientales y recibe royalties del aceite.Otro modo de solventar proyectos que tuvo lugar en América Latina fue el joint venture del Troleybus, en Quito, que fue respaldado de esta manera por Ecuador y España. Por último, el metro de Santiago, en Chile, cubre cerca del 10% de sus gastos operacionales a través de ingresos por publicidad. Además, los precios de las propiedades se han incrementado en áreas que reciben mejoras de infraestructura de transporte público.

CONCLUSIONES A partir de los datos relevados de los corredores de transporte en América Latina, en los sistemas de rieles y buses (Bus Rapid Transit, BRT), se pudo observar que este sector no recibe grandes inversiones de recursos, y de forma general los gobiernos están siempre buscando cooperación con la iniciativa privada, que en algunos casos no está preparada. Salvo algunas excepciones, el transporte autobús, en las ciudades de la región, tradicionalmente ha sido suministrado por pequeños empresarios, agrupados en cooperativas u otro tipo de asociación para la operación de las líneas.  Además, éstos la mayoría de las veces no tienen parámetros profesionales. A su vez, otro de los problemas está en que las autoridades públicas no consiguen ordenar ni reglamentar de forma clara el sistema, lo que genera una sobreoferta de vehículos y duplicación de rutas, produciendo una competencia insegura entre los choferes y más congestión de tráfico.

El análisis de los datos recolectados también arroja que la infraestructura es insuficiente en las vías, especialmente por la falta de paradas y lugares en donde los pasajeros puedan esperar los buses; y existen rutas ineficientes que producen viajes largos y caros. Asimismo, los ferrocarriles de rieles reciben menos inversiones (que en algunos países directamente es nula) y hay una desactivación total del sistema existente. Hay que destacar que los sistemas de transporte, que son operados por empresas públicas, tienen estructuras bien consolidadas, disponiendo de un manejo de recursos menos burocrático, lo que facilita, en general, su buena calidad. Por otro lado, los operadores privados del sector son compañías con altos recursos de inversión y estructuras profesionales, que brindan buenos servicios. Considerando la tipología de nuevos proyectos propuestos por los gobiernos de los países de la región, se puede afirmar que este escenario tenderá a cambiar en la mayoría de las ciudades, dentro de los próximos diez años.