Minería estratégica responsable

* Por el  Ing. Rodolfo Guerra, presidente de la Cámara de la Piedra de la Provincia de Buenos Aires.

El 7 de mayo una fecha para recordar, en homenaje a la primera ley de fomento minero argentino, sancionada por la asamblea constituyente del año 1813, donde el estado argentino muestra por primera vez un interés genuino y sincera preocupación por la investigación y explotación de los recursos naturales como el agua, los minerales, el petróleo y el carbón, dictando una serie de medidas que creaban un campo propicio para el desarrollo de los mismos.

Precisamente durante el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento se impulsan las exploraciones mineras como la del carbón –Ley Nº 448/ 1870- y las explotaciones de las rocas y minerales, siendo el año 1872 el que vio nacer la primera fábrica de cemento que permitiría costos competitivos con los materiales importados.
Durante la presidencia de Julio A. Roca y de la mano del Dr. Enrique Rodríguez se presenta un proyecto en el Congreso de la Nación para dar nacimiento al Código de Minería Argentino, sancionado con fuerza de Ley en mayo de 1887.
Años más tarde, el servicio geológico minero, creado en 1904 bajo la denominación Dirección General de Minas, Geología e Hidrogeología da origen a los descubrimientos de valiosísimos recursos naturales como el petróleo en 1907, en la Cuenca del Golfo de San Jorge y del carbón en la provincia de Santa Cruz.

ACTIVIDAD ESTRATÉGICA
Las actividades orientadas a la búsqueda de yacimientos metalíferos, no metalíferos y las llamadas rocas de aplicación dan nacimiento en 1996 al Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), decreto Nº660 , cuya labor por cierto ha contribuido a promover el desarrollo y crecimiento de una actividad estratégica responsable como la minería.
Hoy con más de 200 años de actividad fecunda, podemos decir que la minería comprometida con el creador, el hombre y la sociedad, contribuye al “desarrollo sostenible” bajo tres conceptos fundamentales como: inviolavilidad de la vida humana, dignidad de las personas y
dignidad de los pueblos.
Para ello, el hombre responsable debe administrar y someterse a la voluntad del creador, que pone límites en el uso de los recursos y el modo de utilizarlos, no estando exentos de respetar las exigencias morales.
Así como el problema del medio ambiente ha de considerarse a la luz del desarrollo humano y todas estas cuestiones tienen implicancias éticas, es el hombre centro de la creación, como administrador prudente el que debe cuidar del ambiente y de los recursos, teniendo presentes los tres conceptos fundamentales antes mencionados; dado que en la medida que alguno sea dejado de lado o sea amenazado, no habrá desarrollo sostenible posible.