EL TRANSPORTE PÚBLICO EN LA AGENDA POLÍTICA DE AMÉRICA LATINA

* Por Eleonora Pazos, gerente regional para América Latina de la Unión Internacional de Transporte Público (UITP)

Nunca se invirtió tanto en transporte público en América Latina, y nunca fueron inaugurados tantos proyectos de metros, BRT y trenes de cercanías como en los últimos años. Las inversiones en infraestructura de transporte están en la agenda de todas las autoridades, en distintas esferas nacionales o locales, como respuesta a la demanda real de la sociedad.

CONTEXTO LATINOAMERICANO
Son varios los países que aumentaron las inversiones para el transporte público. Por ejemplo en Brasil, en los últimos cinco años, sumadas las inversiones de gobiernos locales y nacional, se invirtió 50.000 millones de dólares en transporte público, y a dos semanas la presidente del país, Dilma Rousseff anuncio más 25.000 millones de dólares destinados a metros, trenes y BRTs.
En México el presidente, Enrique Peña Nieto, tiene como base de gobierno un programa nacional de infraestructura que incluye nuevos trenes de pasajeros (México-Querétaro, México-Toluca y el transpeninsular Yucatán-Quintana Roo), líneas de metro en Monterrey, Guadalajara y México DF, además de un plan ambicioso de BRT para todo el país.
Colombia, Perú y Chile siguen la misma línea de inversiones. El Gobierno colombiano invirtió e invertirá el 1,5% de su Producto Bruto Interno (PBI) en infraestructuras entre 2012 y 2013, y subirá al 3% en 2014, frente al 1% que se destinaba en el 2011, en general con proyectos de asociaciones público-privadas. Según cifras oficiales, el gobierno colombiano invirtió en 2012, 3.000 millones de dólares en la mejora de las infraestructuras de transporte.
Por su parte, Perú invertirá cerca de 10.000 millones de dólares en transporte hasta 2016 con el objetivo de reducir la brecha de infraestructura en el país, lo que incluye proyectos como la red del metro de Lima.
El Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones de Chile también destinará altas cifras para los próximos años, entre 2.500 y 8.000 millones de dólares al año, esto incluye varios proyectos como el de los trenes de cercanía, la renovación de la flota de autobuses, la automatización de semáforos, y el desarrollo de sistema de metro. Para el desarrollo de trenes de cercanía, en los próximos tres años, se invertirá 1.200 millones de dólares, mientras que en la construcción del metro de Santiago se prevé una inversión de 2.600 millones en los próximos cinco años.

 

TRANSFORMACIÓN DEL CIUDADANO
A pesar de las inversiones pensadas en infraestructura de transporte público algunos acontecimientos en la región, en especial en Brasil, ponen a luz varias interrogantes.
En las dos primeras semanas del mes de junio, 365 ciudades por todo el Brasil, lo que incluyó todas las capitales de los estados (de norte a sur) reunieron millones de personas en las calles para protestar por diferentes temas, pero el tema inicial que estalló las protestas fue el transporte público, sin excepción. Esto fue un reflejo del nuevo ciudadano, no sólo de Brasil, sino de un perfil del ciudadano en América Latina, producto del cambio económico de los últimos años en la región.
En América Latina el número total de familias de clase media saltó de 56 millones a 128 millones en los últimos 16 años. Esta transformación tuvo como base la promoción de crédito al consumo, que permitió un mayor acceso a los bienes duraderos y a servicios de calidad. El crédito interno ha crecido 55% en relación al PBI en los últimos 10 años.
Los principales bienes de consumo duradero que se accedió fueron el automóvil y la motocicleta, que refleja directamente en los hábitos de movilidad de los ciudadanos y la calidad de vida en las ciudades.
En los primeros años del cambio de la realidad económica, el auto y la moto empezaron a hacer parte del cotidiano, esto reflejó en el aumento de congestionamiento descontrolado, y el usuario, pasado diez años de alegría de poder utilizar un vehículo privado, se da cuenta que no es posible darle el uso cotidiano, y que sólo el transporte público puede ser una respuesta para la movilidad.
Este nuevo ciudadano se acostumbró a consumir productos de mejor calidad, y si todavía no lo tiene lo desea. ¿Cómo atender este usuario que está conectado a la red de informaciones por modelos modernos de celulares, viendo loa adelantos en el mundo?
El usuario usa un “smart phone”, tiene una televisión digital 3D y cuando llega a una parada de transporte público no tiene nada. Puede consultar la página web de la red de transporte de Londres, y sabrá a qué hora llega el bus, pero no sabe a qué hora será en su ciudad. ¿Cómo aceptar esta situación?. Cuando entra en el transporte público no hay confort, y esto se resume en viajar en el sistema con la misma calidad que hace 20 años atrás. Todos los bienes de consumo evolucionaron, traen más comodidad y beneficio; y el sistema de transporte como servicio sigue siendo el mismo, sin cambios. En el caso de Brasil esto significo decir: “No acepto el aumento de tarifa.” Esto no es un tema directamente relacionado a la capacidad de pago del usuario, sino a la relación “costo – beneficios”.

 

CALIDAD DEL SERVICIO
Si bien es cierto que se está invirtiendo mucho en extensión de las redes, la calidad del servicio mejoró poco en general. Las principales quejas son que los sistemas están saturados, la falta de confort, y ausencia de información. Así, a pesar de los grandes esfuerzos de inversión, hay que considerar la calidad de los sistemas para atender las nuevas expectativas de los usuarios, que solo quiere lo mejor, y lo quiere inmediatamente. No tiene disponibilidad para esperar más, su vida es on line, 24hs, contactado con el mundo. No querrá esperar 30 años más para tener un sistema moderno.
Por lo tanto, es posible afirmar que el transporte público nunca fue tan bueno, si lo comparamos con hace 20 años atrás sí, pero el nuevo usuario no quiere saber del pasado y hoy quiere lo mejor en calidad.
No hay duda que la inversión en transporte público no saldrá más de los planes políticos, pero los planes políticos deberán ir más allá de inversiones en infraestructura y tendrá que tratar el tema de forma más profunda, discutiendo y poniendo en pauta el tema de la calidad del servicio.