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“Un país que quiera crecer”

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EDITORIAL

Así cerró su alocución en el festejo por el Día de la Minería el presidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), Roberto Cacciola, resumiendo el sentir de una industria en un momento bisagra para crear oportunidades de futuro. La minería argentina atraviesa un cambio de escala sin precedentes. La llegada de grandes proyectos de cobre y la consolidación del litio en el NOA no solo representan una oportunidad histórica de ingreso de divisas, sino un desafío mayúsculo para el sector de la construcción y la ingeniería vial. Hoy, el éxito de un yacimiento no se mide únicamente por la ley del mineral en la roca, sino por la factibilidad logística de su entorno.

En nuestra industria sabemos que no existe operación posible sin conectividad. Sin embargo, la geografía de estos proyectos —habitualmente en zonas de alta montaña o salares remotos— impone una realidad insoslayable: la infraestructura necesaria para operar representa hoy entre el 30% y el 50% de la inversión inicial (CAPEX). Estamos hablando de la construcción de «mini-ciudades» y corredores logísticos desde cero en territorios donde la presencia del Estado ha sido históricamente escasa. Este escenario ha forzado un cambio radical en el modelo de ejecución de la obra pública. Ante la limitada capacidad de financiamiento de los presupuestos provinciales y municipales, el sector privado ha asumido un rol protagónico. La empresa minera es hoy, por necesidad, una desarrolladora de infraestructura: financia y ejecuta la pavimentación de rutas para transporte pesado, tiende líneas de alta tensión de cientos de kilómetros y erige parques solares fotovoltaicos para garantizar su propio suministro energético.

¿Cómo se sostiene este modelo? La respuesta reside en una arquitectura financiera y legal basada en la compensación. Mecanismos como los Fideicomisos Mineros, que aseguran que las regalías se transformen en obras viales e hídricas tangibles, y las herramientas de incentivo nacional como el RIGI, permiten que la inversión privada sea recuperada a través de beneficios fiscales y amortizaciones aceleradas. El Estado no desembolsa capital, sino que cede recaudación futura para garantizar que la obra se concrete hoy. Desde Revista Vial, insistimos en que esta coyuntura es una oportunidad de oro para nuestra ingeniería. La construcción de caminos mineros exige estándares de seguridad específicos, estudios de suelos en condiciones extremas y un mantenimiento constante para no interrumpir el flujo productivo. El camino ya no es solo una vía de tránsito; es el cimiento mismo de la soberanía productiva argentina.

Recorrer los pasillos y las pistas exteriores de la 11° Expo San Juan Minera supuso una experiencia reveladora. Acostumbrados al pulso de las grandes obras de infraestructura, la maquinaria vial y la ingeniería civil, fuimos testigos preferenciales de cómo el sector minero —traccionado con fuerza inédita por el auge del cobre— se consolida hoy como el principal motor de desarrollo industrial y de movimiento de suelos en la región. El despliegue en el Estadio del Bicentenario y el Velódromo Vicente Chancay superó cualquier expectativa. Con una convocatoria récord de aproximadamente 40.000 asistentes, 380 stands y más de 110 islas exteriores que expusieron lo último en tecnología de equipos pesados, la feria evidenció que el sector ha entrado en una fase de aceleración comercial definitiva. El evento funcionó como una gran mesa de transacciones impulsada por el «Efecto RIGI». La enorme expectativa en torno a megaproyectos sanjuaninos como Los Azules (McEwen Copper) y El Pachón (Glencore), sumada a las nuevas certezas normativas y fiscales, actuaron como un fuerte imán para el desembarco y la reactivación de rondas de capitales internacionales.

Ahora bien, este despegue minero e industrial contrasta con una realidad vial que debe recomponerse de forma urgente bajo nuevos paradigmas.

En este escenario de profunda reconfiguración sectorial, la realización del XIX Congreso Argentino de Vialidad y Tránsito —que tendrá lugar en la ciudad de Mendoza del 15 al 18 de septiembre bajo el lema «Infraestructura Vial para el Desarrollo»— se perfila como un hito crucial. En esta oportunidad, el tradicional encuentro técnico estará inexorablemente condicionado por la coyuntura de la obra pública y la urgencia de redefinir las estrategias de financiamiento y gestión.

En este marco, la celebración de la Asamblea del Consejo Federal Vial (CFV) adquiere un peso político y estratégico inédito. El congreso será el escenario donde las vialidades provinciales y las autoridades nacionales busquen homogeneizar criterios y trazar un mapa de prioridades urgentes.

Revista Vial los espera en Mendoza.

De todas formas, nos veremos antes en la próxima edición.