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Descarbonizar sin perder competitividad: la hoja de ruta que propone la industria del cemento para América Latina

Ricardo Pareja, director de Innovación y Acción Climática de FICEM, presentó los avances de la estrategia regional hacia la neutralidad de carbono. La reducción de emisiones, la infraestructura resiliente, la economía circular y la necesidad de políticas públicas que contemplen el ciclo de vida completo de las obras fueron algunos de los ejes de una exposición que puso el foco en los desafíos que enfrenta la industria del cemento en América Latina.
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Hay una imagen que sirve para pensar la infraestructura de un país: la de un ecosistema. No la de una obra aislada, sino la de una red viva donde cada

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Ricardo Pareja, director de Innovación y Acción Climática de FICEM, presentó los avances de la estrategia regional hacia la neutralidad de carbono. La reducción de emisiones, la infraestructura resiliente, la economía circular y la necesidad de políticas públicas que contemplen el ciclo de vida completo de las obras fueron algunos de los ejes de una exposición que puso el foco en los desafíos que enfrenta la industria del cemento en América Latina.

La transición hacia una infraestructura más sostenible representa uno de los mayores desafíos para la industria de la construcción. En ese escenario, el sector cementero avanza en una transformación profunda que busca reducir su huella de carbono sin resignar competitividad, calidad ni capacidad para responder a las crecientes necesidades de infraestructura de los países de América Latina.

Ese fue el eje central de la exposición de Ricardo Pareja, director de Innovación y Acción Climática de la Federación Interamericana del Cemento (FICEM), quien presentó los avances de la hoja de ruta regional hacia la descarbonización durante un encuentro técnico del sector.

Pareja recordó que la agenda climática de FICEM comenzó a desarrollarse en 2010, mucho antes de que la descarbonización se instalara como una prioridad global. Desde entonces, la federación impulsó herramientas para medir con precisión las emisiones de carbono de la industria y construir estrategias adaptadas a la realidad latinoamericana, un trabajo que hoy se complementa con las hojas de ruta nacionales hacia 2050.

«La industria del cemento asumió tempranamente que debía hacerse cargo de su participación en las emisiones globales de dióxido de carbono. El primer paso fue conocer los números correctos para poder tomar decisiones sobre bases científicas», explicó.

Un desafío diferente al de otras industrias

Uno de los conceptos más relevantes desarrollados por Pareja fue que la industria cementera enfrenta un desafío singular respecto de otros sectores productivos.

Según explicó, cerca del 60% de las emisiones provienen del propio proceso químico de descarbonatación de la caliza durante la fabricación del clínker, mientras que el resto está asociado al consumo energético, combustibles y electricidad. Esto significa que no alcanza únicamente con reemplazar combustibles fósiles por energías renovables, sino que resulta indispensable transformar los procesos productivos.

Al mismo tiempo, destacó que aproximadamente el 90% de las emisiones del ciclo de vida del cemento se generan durante su fabricación, una característica que, lejos de ser una desventaja, permite concentrar allí los mayores esfuerzos de reducción de emisiones.

«La buena noticia es que las mayores oportunidades de descarbonización están dentro de nuestras propias plantas», señaló.

Infraestructura para adaptarse al cambio climático

Lejos de plantear una visión exclusivamente ambiental, Pareja sostuvo que el cemento y el hormigón continúan siendo materiales indispensables para construir infraestructura resiliente frente a los efectos del cambio climático.

Carreteras, puentes, hospitales, sistemas de agua potable, puertos y obras hidráulicas forman parte de las inversiones que los países latinoamericanos deberán seguir realizando para responder a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

En ese sentido, remarcó que la discusión no debería centrarse únicamente en reducir emisiones durante la construcción, sino también en analizar el comportamiento de la infraestructura durante toda su vida útil.

Mirar el ciclo completo de las obras

Uno de los planteos más fuertes de la presentación estuvo relacionado con la necesidad de incorporar el análisis del ciclo de vida completo de las obras públicas al momento de definir inversiones.

Como ejemplo, Pareja comparó pavimentos de hormigón y asfalto. Explicó que evaluar únicamente la huella de carbono inicial puede conducir a conclusiones equivocadas, ya que durante décadas de servicio intervienen múltiples variables: consumo de combustible de los vehículos, frecuencia de mantenimiento, generación de residuos, iluminación requerida, seguridad vial y comportamiento térmico de los materiales.

Según indicó, una carretera de hormigón puede demandar una mayor inversión inicial, pero ofrecer menores costos operativos, menos intervenciones de mantenimiento y una reducción del consumo de combustible de los vehículos pesados, además de requerir menor iluminación y presentar una mayor durabilidad.

«Las decisiones no deberían tomarse mirando únicamente el costo del primer día, sino el desempeño completo de la infraestructura durante toda su vida útil», sostuvo.

Para Revista Vial, este concepto adquiere especial relevancia en un contexto donde las metodologías de evaluación de obras comienzan a incorporar indicadores ambientales junto con variables económicas y sociales.

América Latina necesita su propia estrategia

Otro de los ejes de la conferencia fue la necesidad de construir políticas de descarbonización adaptadas a las características de América Latina.

Pareja explicó que no resulta viable trasladar automáticamente modelos desarrollados para Europa o Norteamérica a una región con enormes diferencias económicas, sociales y climáticas.

Mientras algunos países aún requieren ampliar significativamente su infraestructura básica, otros enfrentan desafíos vinculados con la modernización de activos existentes. A ello se suman realidades tan diversas como zonas sísmicas, regiones con huracanes, áreas de alta salinidad, climas extremos o territorios donde todavía existen importantes déficits de conectividad.

«La infraestructura no puede analizarse únicamente desde la mitigación del cambio climático; también debe responder a las necesidades de adaptación y desarrollo de cada país», afirmó.

Economía circular y combustibles alternativos

La hoja de ruta también otorga un lugar central a la economía circular.

Entre las principales estrategias aparece el coprocesamiento, es decir, el reemplazo de combustibles fósiles por residuos industriales, biomasa, neumáticos fuera de uso y residuos sólidos urbanos previamente acondicionados.

Además de reducir el consumo de combustibles tradicionales, este sistema permite disminuir las emisiones de metano provenientes de rellenos sanitarios, uno de los gases con mayor potencial de calentamiento global.

Para Pareja, la gestión de residuos representa una oportunidad ambiental y energética que todavía tiene un amplio margen de desarrollo en América Latina.

El caso argentino

Durante su exposición también destacó el posicionamiento de Argentina dentro de la región.

Explicó que el país parte de una situación favorable debido al uso extendido de gas natural como combustible industrial y a la disponibilidad de puzolanas naturales, materiales de origen volcánico que permiten reducir el contenido de clínker en el cemento y, por lo tanto, disminuir las emisiones de carbono.

La hoja de ruta argentina, elaborada junto con la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y organismos públicos, establece como meta alcanzar hacia 2030 emisiones inferiores a los 500 kilogramos de CO₂ por tonelada de cemento, un objetivo que posiciona al país entre los de mejor desempeño de la región.

Un desafío compartido

Como conclusión, Pareja sostuvo que alcanzar la neutralidad de carbono requerirá mucho más que innovación tecnológica dentro de las plantas cementeras.

Será necesario contar con marcos regulatorios estables, mecanismos de financiamiento, actualización de normas técnicas, incentivos para la innovación y una mirada integral sobre el valor que aporta la infraestructura a la sociedad.

«La descarbonización no puede hacerse a cualquier costo. Debe ser ambientalmente sostenible, técnicamente viable y económicamente rentable para que pueda sostenerse en el tiempo», resumió.