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Túnel de Agua Negra: desafíos técnicos y el nuevo paradigma de la iniciativa privada en la integración andina

El Ing. Julio Ortiz Andino, exministro de Obras Públicas de San Juan y referente técnico del proyecto, analizó los 22 años de evolución de la obra. Así, ante el actual giro en la política de infraestructura nacional, el debate se traslada hacia la eficiencia logística y la captación de capitales externos para consolidar el Corredor Bioceánico Central.
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EDITORIAL

El Ing. Julio Ortiz Andino, exministro de Obras Públicas de San Juan y referente técnico del proyecto, analizó los 22 años de evolución de la obra. Así, ante el actual giro en la política de infraestructura nacional, el debate se traslada hacia la eficiencia logística y la captación de capitales externos para consolidar el Corredor Bioceánico Central.

La historia del Túnel de Agua Negra es, en muchos sentidos, la historia de los desafíos de integración de Sudamérica. Lo que comenzó en 2003 como un sueño de conectividad entre la provincia de San Juan y la IV Región de Coquimbo, ha atravesado dos décadas de avances legislativos, acuerdos internacionales y frenos burocráticos. Hoy, el proyecto se encuentra en una encrucijada decisiva. Ante la escasez de fondos públicos y un cambio de visión en la administración nacional argentina, se propone un giro audaz: trasladar el financiamiento al sector privado para convertir el túnel en una realidad tangible.

En una entrevista exclusiva, el ex ministro de Obras Públicas de San Juan, Julio Ortiz Andino, analizó el presente de esta obra que busca perforar la Cordillera de los Andes. «Estamos tratando de cambiar, no el proyecto en sí, sino la forma de financiarlo. El proyecto está muy bien, ha tenido un análisis grandísimo por parte de consultoras mundiales y fue aprobado por el BID. Hoy lo que planteamos es que una empresa constructora se haga cargo del financiamiento, lo construya y lo explote por un tiempo determinado», explicó el funcionario.

Veinte años de evolución tecnológica y política

Desde aquel lejano 2003, la tecnología de perforación y los estudios geológicos han evolucionado, pero el diseño básico del túnel ha sabido «aggiornarse». Según Ortiz Andino, aunque en el área de túneles los cambios no han sido disruptivos, el proyecto ha ganado robustez técnica. El marco legal también es sólido: el Tratado de Maipú (2009) y sus protocolos complementarios fueron aprobados por unanimidad en los congresos de Argentina y Chile.

Aquel impulso inicial llevó a la creación de un Registro de Empresas Interesadas (REIS) que atrajo a 19 grupos internacionales (34 empresas en total). Sin embargo, el proceso se dilató cuando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se involucró de lleno, comparando la importancia de esta obra con la del Canal de Panamá. «Teníamos el pliego elaborado en un 95%, solo restaba dar a conocer las empresas calificadas y licitar. Pero en 2018 el proceso se frenó por cambios políticos y de prioridades», rememoró el ex funcionario público.

El modelo de Iniciativa Privada: el espejo chileno

El nuevo esquema propuesto se basa en que los países no comprometan sus fondos de forma inmediata. Bajo este modelo, el consorcio privado recuperaría la inversión mediante la explotación del paso (peajes o servicios relacionados) durante un periodo de concesión.

Chile posee una vasta experiencia en este tipo de licitaciones, mientras que para Argentina representa un cambio de esquema profundo que sintoniza con la visión de la actual gestión nacional. «Chile ya ha nombrado a sus nuevos integrantes en la EBITAN (Entidad Binacional Túnel de Agua Negra). Estamos esperando que Argentina haga lo propio para que la entidad vuelva a sesionar por primera vez desde 2018», señaló Ortiz Andino. La conformación de esta mesa es vital, ya que la EBITAN es el órgano que debe auditar la obra y garantizar que, una vez terminada la concesión, la infraestructura quede plenamente en manos de los dos Estados.

La Minería: el nuevo motor de la urgencia

Si bien el proyecto nació bajo la premisa de completar el Corredor Bioceánico Central —que une el puerto de Porto Alegre en Brasil con el de Coquimbo en Chile—, hoy ha surgido un factor que acelera la necesidad de la obra: la minería de cobre y litio.

San Juan se encuentra en las puertas de una transformación económica impulsada por proyectos mineros de escala mundial. El problema actual es la logística. «Hoy, Agua Negra es un paso de verano, a 4.750 metros de altura, dificultoso para el transporte pesado. Con el túnel, bajaríamos a 3.800 metros, eliminando casi mil metros de ascenso y asegurando operatividad durante todo el año», destacó.

Esta mejora es crítica no solo para la exportación, sino para el ingreso de insumos industriales. Actualmente, el paso de Cristo Redentor en Mendoza sufre cortes de hasta 40 días anuales por nevadas. El túnel de Agua Negra se presenta como la alternativa necesaria para que la actividad económica regional no quede bloqueada por el clima.

El respaldo financiero internacional

A pesar del giro hacia lo privado, el rol del BID no ha desaparecido. Ortiz Andino explicó que existe una ventana de oportunidad a través de BID Invest, la rama del banco que financia al sector privado en proyectos de alto impacto para el desarrollo de las naciones. «El BID nos podría acompañar bajo esta figura. Ya hay países y empresas internacionales interesadas en este esquema de participación público-privada», aseguró.

La logística es el cuello de botella de la producción argentina. Sin comunicación eficiente, los costos se elevan y la competitividad cae. «Es una de las pocas obras públicas que puede llevarse adelante por iniciativa privada dada su alta rentabilidad logística. Estamos dispuestos y solo falta que la entidad binacional sea convocada para volver a trabajar con la legislación que ya tenemos, que es perfecta», concluyó.

Hacia un futuro de integración real

La concreción del túnel significaría para San Juan y el centro de Argentina dejar de ser «el final del camino» para convertirse en el corazón de un corredor que atraviesa el continente. La Ruta Nacional 150, en la que Argentina ya ha invertido cifras millonarias con la construcción de múltiples puentes y túneles menores, es la prueba del compromiso previo del país con este eje.