Vidrios «polarizados», un debate todavía pendiente para alcanzar una regulación sobre su uso.

 

El objetivo de la convocatoria fue debatir con los asistentes, que pertenecían a distintas instituciones estatales como la Agencia Nacional de Seguridad Vial y la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, por ejemplo, cuáles tendrían que ser los límites para el oscurecimiento de los vidrios laterales de los vehículos y la manera en que podría instrumentarse su control.
Dos exposiciones obraron de material disparador para el debate. La primera de ellas estuvo a cargo del Dr. Juan Masaguer, director de capacitaciones del Centro de Emergencias de la Provincia de Tucumán, quien a partir de los datos relevados por el “107 emergencias” del SIPROSA (un equivalente del SAME), brindó un panorama general de los siniestros viales ocurridos en Tucumán.
La segunda exposición fue presentada por el investigador Dr. Andrés Martín. En esta segunda presentación se resumieron las investigaciones llevadas adelante por el equipo del ILAV en torno a tres grandes grupos: Qué dice la legislación argentina y cuáles son los fundamentos, qué información existe respecto al uso de los vidrios oscurecidos (comparación con lo que sucede en otros países); y las posibilidades del grupo de investigación para contribuir a la resolución del problema.

 

EN BUSCA DE UN CRITERIO
Durante las exposiciones y el debate quedó en claro que, a pesar de ser un problema de gran repercusión, no existen datos confiables en el país sobre el uso de los vidrios oscurecidos. El Dr. Masaguer advirtió que en la hoja del reporte sobre el siniestro vial asistido, los médicos intervinientes recopilan mucha información, pero nada sobre el estado de los vidrios laterales. Que los médicos no dejen asentado el estado de los vidrios laterales de los vehículos no es una sorpresa. Sí resulta llamativo que en el anexo J, lugar en el que se especifica cuáles son los rasgos que deben atenderse en los automóviles sujetos a la Revisión Técnica Obligatoria, no hay mención de los vidrios laterales. El inciso 9.6 se refiere al parabrisas y el 9.7 a la luneta. En este sentido Masaguer se comprometió a incluir en los reportes el estado de oscurecimiento de los vidrios.
Sin embargo, la cuantificación del estado de los vehículos referido a los vidrios oscurecidos, no dice demasiado sobre el criterio “que nos gustaría adoptar” para regular dicho oscurecimiento. Desde un punto de vista estadístico necesitamos mucha más información para sacar una conclusión acerca del efecto del oscurecimiento de los vidrios en los siniestros viales. Por ejemplo, otra de las cuantificaciones necesarias sería la distribución de los grados de oscurecimiento entre los vehículos con vidrios tonalizados. El criterio “que nos gustaría adoptar” es una decisión más o menos arbitraria que surge de la interacción de varios factores: confort, estética, seguridad y preferencias. Es esta característica la que permite explicar la gran diversidad de normativas (y la ausencia de fundamentos explícitos) que se pueden encontrar en el país y el mundo respecto de los vidrios oscurecidos en los automóviles. Diversidad en cuanto a gradaciones: Formosa 30%, Rosario 20%, Australia 35%, Brasil 28%; combinaciones: se prohíben en los vidrios del conductor y acompañante pero no en los otros, se permiten en todos pero más claros en los delanteros, si éstos son muy oscuros la luneta debe ser clara (y viceversa), o se permiten en todos; y coloraciones: se dejan colores distintos a los grises, se permiten los espejados.

 

MARCO TEÓRICO: LA VISIÓN FUNCIONAL
Aunque resulta relativamente fácil encontrar las regulaciones que rigen el oscurecimiento en diferentes sitios, es casi imposible encontrar los fundamentos para la determinación de cada una de ellas. Por este motivo y con el objetivo de dotar de alguna racionalidad a la búsqueda del criterio, propusimos como marco teórico general el de la “visión funcional”, que como caso particular contiene los test visuales que actualmente se realizan al momento de obtener o revalidar la licencia para conducir. Este enfoque nos permitió evaluar los efectos de las películas oscurecedoras más utilizadas en nuestro mercado. La conclusión más importante fue que no es aconsejable colocar películas cuyas tonalidades pertenezcan a las denominadas “oscuras”, ya que la capacidad de un observador para recibir y procesar la información visual se ve desplazada significativamente de su comportamiento normal. Esas tonalidades corresponden a películas cuyas transmitancias oscilan entre el 3% y el 11% de la luz visible. En conjunción con los vidrios, la transmitancia final que se obtiene se encuentra en el rango 2% a 10%. Muchos de los vehículos de nuestro parque automotor poseen esas películas.
Por otro lado, las denominadas “claras” (30% – 35%) e “intermedias” (16% – 21%) no produjeron deterioros significativos en la visión funcional en condiciones fotópicas. Las condiciones de iluminación son fundamentales al momento de interpretar el efecto que tiene el oscurecimiento de los vidrios sobre la percepción visual. En virtud de los mecanismos visuales humanos y de las cantidades de iluminación presentes en el ambiente se distinguen tres condiciones para la visión: fotópicas (altos niveles de iluminación > 3cd/m2, día); mesópicas (entre 3 y 0,001 cd/m2, luz artificial); escotópicas (< 0,001cd/m2,, noche).
Resulta importante insistir en que este es un criterio mínimo, que solamente toma en cuenta el efecto directo del oscurecimiento de los vidrios en la visión funcional de los conductores. Nada nos dice, por ejemplo, acerca de cómo serán percibidas las personas dentro del vehículo.

 

ETAPAS PARA LA REGULACIÓN
Durante el debate surgió esta inherente ambigüedad proyectada desde el término “seguridad”: puede significar que las condiciones de la visibilidad del conductor no se vean reducidas pero también que las personas que se encuentran fuera del vehículo puedan ver al conductor para predecir sus maniobras, etc. Justamente los problemas que hacen difícil la determinación del criterio.
Es un punto que no puede ser resuelto solamente de manera técnica, sino que hace falta algún otro tipo de mecanismo para determinar el criterio “que nos gustaría adoptar”. En este sentido, el equipo de Investigación del ILAV conformado por Carlos Kirschbaum, Andrés Martín, Javier E. Santillán, Gustavo Jimenez y Pablo Barrionuevo, sugirió una secuencia de cuatro etapas para concretar la redacción de la regulación o elevar la recomendación a la ANSV (ver figura).

La primera de esas etapas consiste en definir el criterio, lo cual implica encontrar el equilibrio entre las adecuadas condiciones de seguridad para la conducción sumadas a los factores de confort, estética, y preferencias. El resto de las etapas bien pueden resolverse de manera técnica.
Asimismo, pusieron a disposición de las instituciones presentes la capacidad científica del grupo para, en caso de hacer falta, procesar datos, resolver cuestiones técnicas o diseñar investigaciones para monitorear el uso de los “polarizados”. Disposición que hacen extensiva a quienes pudieran estar interesados en el problema y en alcanzar una resolución para el mismo.
“Confiamos que 2014 podría ser el año en que por fin podamos contar con una regulación o recomendación general para normalizar el uso de los vidrios oscurecidos en el país”, sostuvieron los especialistas.

 

 

Toda la información sobre la reunión puede encontrarse en:  http://vidriososcurecidostucuman.blogspot.com.ar/