*Por el Ing. Oscar Vardè, presidente honorario de la Academia de Ingeniería y presidente de la Asociacion Argentina de Túneles y Espacios Subterráneos.
INTRODUCCIÓN
El Instituto de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería editó tres documentos de importancia con relación a los recursos potenciales de Vaca Muerta hace ya más de 10 años, en una etapa temprana del conocimiento real disponible de gas y petróleo no convencionales en la región neuquina.
En el primero de ellos —el Documento N.° 2, “Gas de Reservorios No Convencionales: Estado de Situación y Principales Desafíos” (octubre de 2011)— se destacaba la magnitud y volumen potencial de la cuenca, que el propio Instituto estimaba en 774 Tcf de gas de esquisto, unas 60 veces las reservas convencionales comprobadas del país, y la necesidad de el pronto desarrollo de los recursos potencialmente detectados.
En el segundo —el Documento N.° 4, “Aspectos Ambientales en la Producción de Hidrocarburos de Yacimientos No Convencionales: El caso particular de ‘Vaca Muerta’ en la Provincia de Neuquén” (octubre de 2013)— se analizaban, preocupación por preocupación, las características geológicas propias del reservorio: una profundidad superior a los 3.000 metros que lo separa, por capas de roca de miles de metros, de los escasos acuíferos de agua dulce de la zona, una sismicidad muy baja y un clima árido que favorece la evaporación de las aguas residuales. Estas particularidades, contrastadas explícitamente con la experiencia de Estados Unidos y el Reino Unido, permitían concluir que la explotación mediante fracking podía llevarse adelante sin los impactos ambientales negativos registrados en otras cuencas de países del Norte.
El tercer documento, motivo de esta presentación resumida, enfatizaba claramente la necesidad de infraestructura de transporte en todos los órdenes, conducción de gases y fluidos, puertos, asentamientos e instalaciones para los de centros de explotación locales y regionales, y también, en continuidad con lo ya señalado por el primer documento, la formación de recursos humanos calificados.
Asimismo, se definirán las necesidades vitales que requiere la explotación a pleno rendimiento de los recursos disponibles, que han excedido largamente las predicciones conservadoras de los documentos previos de hace 12 años.
Una vez más, con la experiencia adquirida, queda evidenciada la necesidad imperiosa de planificación y desarrollo de infraestructura en una etapa temprana de desarrollo, acorde con la importancia de las riquezas naturales con las que afortunadamente cuenta Argentina.
Esta conclusión es valida también para nuestros vastos recursos en minerales de interés mundial.

Resumen del Documento N° 5 del Instituto de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería, «Requerimientos para el desarrollo del reservorio de Vaca Muerta (Neuquén/Argentina)»
Vaca Muerta constituye uno de los recursos de petróleo y gas no convencional más importantes del mundo, y su desarrollo planteará a la Argentina un desafío logístico de una magnitud pocas veces vista en la historia productiva del país. El estudio del Instituto de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería, elaborado para el período 2015-2030, es contundente en un punto: el recurso geológico existe y su rentabilidad está probada, pero la infraestructura necesaria para ponerlo en producción no está resuelta, y de ella depende que la oportunidad se concrete o se pierda.
El escenario conservador analizado por el Instituto prevé que la cantidad de pozos se triplique hacia 2020 y alcance los 2.200 pozos anuales en 2030, con una intensidad de fractura creciente —de 5 etapas promedio por pozo en la actualidad a entre 11 y 16 hacia el final del período—. Esa escala de actividad implica movilizar hasta 11,2 millones de m³ de agua, 7,5 millones de toneladas de arena, 1,5 millones de toneladas de cemento y 12.300 km de cañerías por año hacia las bases operativas de la cuenca neuquina. Trasladar ese volumen de insumos exclusivamente por camión —el escenario de base, sin obras adicionales— exigiría más de 5.000 camiones circulando de forma simultánea, con el consiguiente impacto en el tránsito, la seguridad vial y las emisiones de la región.
Es en este punto donde la infraestructura deja de ser un capítulo accesorio del desarrollo de Vaca Muerta para convertirse en su condición habilitante. El estudio identifica tres frentes prioritarios. Un sistema de acueductos —en línea con el proyecto «Red Azul» ya presentado por la Provincia del Neuquén— permitiría reducir en un 46% la cantidad de camiones necesarios hacia 2030, optimizando además el uso de un recurso hídrico que, aunque no escasea en términos absolutos, enfrenta serias limitaciones logísticas para su transporte hasta el yacimiento. La red vial requiere, como mínimo de referencia, la construcción de 200 km de rutas nuevas y la rehabilitación de otros 200 km, una inversión estimada en apenas 860 MMUS$ frente a los más de 45.000 MMUS$ de inversión directa que demandará la actividad hasta 2021. Y la incorporación del ferrocarril —rehabilitando el ramal Bahía Blanca-Neuquén y construyendo un nuevo ramal entre Neuquén y Añelo— es, según el propio estudio, la alternativa más rentable y ambientalmente más sustentable: combinada con el acueducto, permitiría reducir hasta un 83% la flota de camiones requerida en 2030.
Detalle de las obras de infraestructura requeridas
Acueductos
- Desarrollo de un sistema de acueductos en la Provincia del Neuquén, retomando el proyecto «Red Azul» presentado por la provincia en 2012 para la construcción y operación de una red que permita un uso más racional del agua de fractura.
- Fuentes de captación identificadas: ríos Neuquén, Colorado, Trocomán y Agrio; arroyo Picún Leufú (o Butaco); Canal de Añelo.
- Impacto logístico: reduce en un 30% la flota de camiones necesaria en 2015 y en un 46% hacia 2030, respecto del escenario de transporte exclusivamente vial.
Red vial
- Construcción de 200 km de rutas nuevas (calzada indivisa, un carril por sentido, con obras de drenaje y puentes menores): inversión de referencia de 2,8 MMUS$/km, unos 560 MMUS$ en total.
- Rehabilitación de 200 km de rutas existentes, con ensanche de calzada a 7,30 m: inversión de referencia de 1,5 MMUS$/km, unos 300 MMUS$ en total.
- Inversión vial de referencia: unos 860 MMUS$, sobre un eje comparable a la distancia Neuquén-Añelo (unos 100 km), corazón de la actividad productiva.
Vías férreas
- Rehabilitación del ramal de cargas Bahía Blanca-Neuquén (570 km): cambio parcial de durmientes y fijaciones, soldaduras, tratamiento de juntas y reemplazo parcial de rieles en curvas de radio reducido; unos 150.000 US$/km, del orden de 60 MMUS$ de inversión.
- Construcción de un nuevo ramal entre Neuquén y Añelo (100 km): unos 2 MMUS$/km, del orden de 200 MMUS$.
- Inversión ferroviaria de referencia: unos 260 MMUS$ (sin incluir el material rodante), a la que podría sumarse una segunda vía o desvíos dinámicos en el ramal Bahía Blanca-Neuquén dada la alta interferencia esperada con el resto del tráfico.
- Capacidad de servicio proyectada: hasta 17 trenes diarios por sentido hacia 2026, para movilizar unas 5,5 millones de toneladas de materiales ese año, con formaciones de 900 toneladas cada una.
Efecto combinado
- Sin obras adicionales (solo camiones): unos 5.300 camiones simultáneos en 2020 y 4.900 en 2030.
- Con acueducto: la flota baja a 2.300 y 2.700 camiones en 2020 y 2030, respectivamente.
- Con acueducto y ferrocarril: la flota se reduce a 1.200 y 800 camiones en 2020 y 2030, una baja del 83% respecto del escenario sin obras.
La magnitud de estas obras es menor, en todos los casos, a la de los beneficios que se dejarían de percibir sin ellas. El desarrollo de Vaca Muerta podría generar más de 55.000 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos hacia 2019, y una producción capaz de transformar a la Argentina en exportador neto de petróleo y gas. Pero ese resultado no es automático: requiere que el Estado nacional, las provincias y los municipios planifiquen y ejecuten a tiempo la infraestructura vial, ferroviaria e hídrica, en coordinación con la inversión privada en pozos y equipamiento. Como advierte el propio Instituto de Energía, si estos requerimientos no son previstos con la debida anticipación, podrían condicionar las posibilidades reales de desarrollo de uno de los recursos energéticos más significativos con que cuenta el país.
Vaca Muerta 2014-2026: qué cambió
Doce años después de publicado el estudio, la escala real de Vaca Muerta superó al escenario «conservador» que manejaba el Instituto. El documento proyectaba 2.200 pozos por año y una producción adicional de 460 MM de barriles anuales recién para 2030; hoy la formación ya cuenta con 2.667 pozos activos (julio de 2026) sobre un potencial estimado de 22.000, con apenas el 5% del recurso explotado, y produce cerca de 590.000 barriles diarios. Neuquén marcó en 2026 su récord histórico de producción, con 610.714 barriles/día de petróleo y 115 millones de m³/día de gas. La inversión también se disparó por encima de lo previsto: YPF proyecta USD 130.000 millones solo en los próximos cinco años, muy por encima de los 45.000 MMUS$ acumulados que el estudio estimaba para todo el sector hasta 2021, y el empleo esperado pasó de los cerca de 55.000 puestos que preveía el documento original a 90.000 nuevos empleos hacia 2029.
Frente a esa escala, las tres obras que el estudio señalaba como prioritarias tuvieron un avance desigual.
Acueductos. Es el punto de mayor continuidad con el diagnóstico de 2014: el proyecto «Red Azul» —el mismo que citaba el documento original, presentado por la provincia en 2012— sigue, más de una década después, en etapa de negociación. Hoy está en manos de Emhidro, la empresa hídrica provincial, que mantiene reuniones con las operadoras, pero aún no hay kilómetros de acueducto construidos ni una inversión definida: las operadoras siguen pagando por el agua transportada (unos USD 0,90/m³) bajo un esquema mayormente logístico y no de red pública.
Red vial. Es la obra que más avanzó respecto de lo recomendado en 2014, y a una escala muy superior a los 200 km nuevos y 200 km de rehabilitación estimados en el estudio (860 MMUS$). Neuquén lanzó en 2025 el que describe como «el plan vial más importante de su historia», con más de 600 km de pavimentación en curso, incluida la duplicación de la Ruta 7 (Centenario-Vista Alegre, Añelo-Tratayén) y de la Ruta 67 (corredor petrolero), bajo un esquema de cofinanciamiento público-privado en el que las propias operadoras pagan tramos completos —el mismo modelo de coordinación Estado-privados que recomendaba el documento de 2014, pero llevado a una escala mucho mayor.
Vías férreas. El estudio proponía rehabilitar el ramal Bahía Blanca-Neuquén (570 km) y construir un ramal nuevo Neuquén-Añelo (100 km), por unos 260 MMUS$. Ese proyecto se transformó en el «Tren Norpatagónico»: 665 km entre Bahía Blanca y Añelo (83 km de vía nueva, 374 km de mejora estructural y 208 km de renovación integral, con una obra estimada en 48 meses). Pero sigue, oficialmente, suspendido: recién en 2026 el gobierno nacional evalúa reactivarlo. Es la obra donde el diagnóstico de 2014 permanece prácticamente vigente.
Lo que el estudio no anticipó
Dos infraestructuras hoy centrales no estaban en el radar del documento original, centrado en la logística de insumos hacia los pozos y no en la evacuación de la producción:
- Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS): 437 km, USD 3.000 millones de inversión, un consorcio de ocho empresas (YPF, Vista, Pan American Energy, Pampa Energía, Chevron, Pluspetrol, Shell y Tecpetrol), que llevará el petróleo hasta Punta Colorada (Río Negro) para su exportación marítima, con una capacidad que llegaría a 550.000 barriles/día hacia 2027.
- Gasoducto Néstor Kirchner: su primer tramo (573 km, 11 MMm³/día) ya opera y conecta Vaca Muerta con Salliqueló; el segundo tramo (524 km, +28 MMm³/día, hasta 39 MMm³/día en total) está en licitación para extenderse hasta Santa Fe.
También cambió la logística de arena de fractura. El estudio de 2014 imaginaba una producción local (citaba pruebas de YPF cerca de Gaiman, Chubut); hoy la arena «de cercanía» de Río Negro está siendo desplazada por arena premium de Entre Ríos, transportada desde 1.300 km de distancia por su mayor calidad, y se discute un régimen federal de infraestructura —al estilo RIGI— para financiar su transporte fluvial y ferroviario, con una demanda que treparía a 12 millones de toneladas anuales en 2030 (el estudio de 2014 estimaba 7,5 millones).
Conclusión
El diagnóstico central del Instituto de Energía en 2014 se confirmó: la infraestructura, y no el recurso geológico, fue el factor que terminó marcando el ritmo real del desarrollo de Vaca Muerta. Pero el patrón de avance de estos doce años también deja una lectura clara sobre qué tipo de obras se concretan primero. Las que ofrecen un retorno comercial directo y admiten ser lideradas por consorcios privados —oleoductos, gasoductos, y hasta la red vial mediante cofinanciamiento con las operadoras— avanzaron rápido y a una escala muy superior a la proyectada, al punto de generar obras que el estudio original ni siquiera contemplaba, como el Oleoducto Vaca Muerta Sur o el Gasoducto Néstor Kirchner. En cambio, las obras que dependen de una coordinación estatal más compleja y de una rentabilidad menos inmediata —el sistema de acueductos y el ferrocarril— son, doce años después, prácticamente las mismas que proponía el documento de 2014, todavía en etapa de proyecto.
Esa asimetría importa porque el propio crecimiento de Vaca Muerta la vuelve más urgente: con solo el 5% del recurso técnicamente recuperable explotado hasta ahora y un potencial de 22.000 pozos frente a los 2.667 activos, la próxima década multiplicará exactamente los requerimientos que el agua y el ferrocarril están llamados a resolver. El estudio de 2014 acertó en identificar el cuello de botella; la tarea pendiente, doce años después, sigue siendo destrabar las dos obras que ese mismo estudio ya señalaba como prioritarias.
